lunes, febrero 19, 2007

Historia del avión fumigador

Posted by Picasa La supuesta caida del avión fumigador y el conflicto de intereses. (De carne somos)


Había sido un vuelo como tantos otros, grandes campos cultivados con arroz que necesitaban una correcta fumigación con insecticidas.

El retorno fue agradable, la tarde era de otoño pero muy templada, el sol comenzaba a ocultarse y pintaba de tonos de rojo el firmamento, muy abajo las vacas parecían puntitos sobre un paño de billar gigante. Ya se apreciaban las casas del pueblo.

Bárcia tenía una reunión con su amigo Pascualito ese día, pero no sabia si este ya había llegado al pueblo, así que descendió mas de lo acostumbrado para pasar sobre la casa del amigo. Quería ver el auto. Si, estaba estacionado en el patio de la casa, entonces estaba.

Se había acercado mucho al pueblo,voló rozando los techos y enseguida dejó caer la trompa del avión descendiendo la sierra acelerando a fondo. Giró apenas el volante y movió los alerones con lo que dio una gran curva a baja altura enseguida de pasar las casas - el pueblo queda en lo mas alto de la cuchilla y el aeródromo esta en la parte oriental baja de esta - enseguida de librar los eucaliptus del viejo Pascasio Peña vio las líneas de la improvisada pista de tierra mas adelante. Lo demás pura rutina, otra jornada cumplida.

Pascualito había decidido limpiar el galpón y pacientemente fue juntando muebles ya imposibles de recuperar, sillas rotas, maderas viejas, troncos podridos con huellas de polillas, basura de todo tipo, restos de lana, bolsas y botellas plásticas vacías.

Le costó mucho hacer esa limpieza, pero el gran galpón había quedado completamente vacío. No podía entender como se le juntaron tantos cachivaches viejos inservibles y menos aun por que los habia guardado tanto tiempo. Fue tal la mugre que el montón de inicio se transformó en una pequeña montaña que solo molestaba.

Antes de iniciar una blanqueada de cal a las paredes decidió hacer desaparecer esa basura quemándola, entonces completó los bordes con rolos secos de eucaliptos, cubrió todo con madera fina y hojas secas y lo prendió. Solo se quemaron los bordes. Quedó pensando.

Pascualito era hombre de paciencia y determinación, asi que fue calladito al otro galpón y volvió con diez litros de fuel oil del tanque del generador. Se detuvo frente a la mugre y diez litros le parecieron poco, volvió sobre sus pasos y trajo diez mas, volcándolo todo con cuidado. Volvió a prender. Como que quería prender pero se apagaba. El hombre se cansó de esperar, decidió ser mas drástico.

Seguro de que Bárcia no lo notaría fue a los tanques de 220 litros de gasolina de aviación que habían llegado el día anterior, chupando por un cañito saco bastante y desparramó todo obsesívamente por los costados sin tener en cuenta que las maderas y demás restos estaban calientes después de los otros intentos de encendido. Un olor fuerte característico comenzó a sentirse.

Precavido, alejándose más, con un trapo humedecido en gasolina envolvió una piedra mediana, lo prendió con el yesquero y rápido lo tiró a la mugre. Lo que vio lo dejó encandilado.

Como en una película pasada en cámara lenta, cuando la piedra convertida en bola de fuego estaba a medio camino de su destino una lengua de llamas se adelantó buscándola y prendió de golpe toda la hoguera. Los gases de hidrocarburo hicieron su trabajo con una explosión impresionante.

Pascualito quedó con la boca abierta y el pucho colgando del labio inferior. La ola de calor le pegó de frente y lo dejó desparramado en el suelo con las cejas chamuscadas. Una gran columna negra se elevó hacia el cielo. En esa posición boca arriba en el pasto vio pasar entre el humo el avión de Bárcia buscando la pista de aterrizaje. Pensó: "De cajón que me va a preguntar por la gasolina...¡que puteada me va a dar!"

Comenzo a caminar rascándose la cara hacia el avión que carreteaba por la pista lamentandose de haber sido tan inconsciente, mientras a su espalda una inmensa fogata consumía la mugre iluminando esa tarde a la que le quedaba poco para convertirse en noche.

"¡Que animal había sido!", seguía pensando mientras caminaba.

Prudencia Vega, la mas vieja de las Vega, estaba colgando la ropa recién lavada en las cuerdas del fondo del rancho. Desde allí vio pasar bajito el avión con un ruido ensordecedor.

"Un día de estos se engancha en las cuerdas de la ropa – pensó - y tenemos una tragedia."

Pero estaba acostumbrada a verlos llegar al pueblo, los fumigadores siempre pasaban arriba de su casa para aterrizar abajo en el valle, aunque ese día tenía algo especial, volaba bajo, mucho mas bajo de lo acostumbrado, incluso para días muy nublados. Curiosa, caminó los pocos metros que la separaban del borde de la cuchilla para verlo aterrizar en la pista, como tantas veces, pero no.

Una gran explosión a lo lejos acaparó todos sus sentidos. Era en las tierras de Don Pascasio Peña, donde el casero era Pascualito. Vio una llamarada grandísima y densas nubes negras que elevabndose al cielo.

"¡Por eso volaba tan bajito - dijo conversando sola - vendría con problemas, pobrecito!" y sin pensarlo más salió corriendo para las casas, hizo salir a las hijas y yernos, se subieron en el noble Rover 62 y rumbearon rápido para la comisaría. Entraron corriendo y a los gritos:

"¡SE CAYO!. ¡EL GORDO BARCIA SE ESTREYO CON EL AVION! ¡YO LO VI CAER! ¡YO VI CUANDO SE INCENDIO! ¡CORRAN A AYUDARLO!

El Comisario entendió enseguida porque él también sintió el estruendo y veia la columna de humo pero hasta ese momento no sabia que pasaba. Organizo rápidamente su personal para ir al lugar del accidente. Previamente llamó al Oficial Mayor del Grupo de Cazadores del Ejército, informando. Los soldados fueron agrupados y partieron en misión de rescate.

Todos pensaban que el gordo podía haber saltado, pero venia muy bajo y nadie vio paracaídas... no tenían demasiadas esperanzas. Igual, aun sin mucha fé, fueron apresuradamente hacia los pagos de Don Pascasio, lugar del desastre.

En el pueblo reinaba la alarma y cada uno intentaba ver algo y enterarse de alguna cosa.

"¡Quién le dice a esa pobre mujer ahora!", balbuceaba Clodomira y era consolada por la menor de las Alvarenga también subida a la camioneta con su comadre para buscar juntas los restos del difunto. "¡Hay Diosito, no somos nada, nada - seguía lamentándose - un hombre tan bueno, tan trabajador!".

Esos eran los comentarios mayoritarios en la villa, aunque también algunos opinaban sonoramente, entre trago y trago de caña brasileña: "¡ Al fin se murió ese hijo de puta!", ejerciendo su libertad de expresión.

Lo cierto es que una multitud dejó vacío el pueblo y fueron cada cual como pudo hacia el lugar de los acontecimientos.

El Comisario comentó con el Mayor: "Volaba muy bajo, lo mas seguro es que el cadáver este lejos del sitio del impacto, tenemos que prepararnos para lo peor", el Mayor muy serio,asentía con la cabeza. El Grupo de Cazadores iba en dos camiones a la zona de impacto, preparados para todo.

En otro lugar del pueblo el Chiquito Gutierrez no las tenia todas consigo. Los números iban de mal en peor, el almacén no daba lo que tenia que dar, las cuentas se acumulaban día a día y el desespero crecía a la par. Lo único que lo venia salvando era la funeraria, única en el pueblo. Cada vez que uno de los cristianos decidía pasar a mejor vida, él – que tenia la exclusividad de los servicios mortuorios – atendía los difuntos y aunque la gente era pobre, siempre algún pesito se hacia. Pero desde unos dos meses atrás una epidemia de salud hacia estragos en sus finanzas porque nadie tomaba la gran decisión. Incluso los muy enfermos, de los que se espera el desenlace de un día para otro, ni esos se definían.

Así, con el almacén al borde de la quiebra, los acreedores a las puertas y la salud del pueblo en su apogeo, el pobre Chiquito Gutierrez no encontraba salida. Hacía mas de dos horas que estaba sentado en el escritorio entreverado con los números y fumando un cigarro tras otro, pero las cuentas no le cerraban, precisaba alguna ayudita para esperar el repunte del negocio. Una ayudita económica que quizás alguien le pudiera facilitar, unos pesitos nomás, para salir del paso. Además le habían comentado que los aduaneros se iban a poner mas flexibles con el cambio de Gobierno del mes pasado y eran buenas noticias, podría surtir el almacencito nuevamente de contrabando. Estaba en esas tribulaciones cuando sintió la explosión. Desde su casa solo logró ver una columna de humo a lo lejos, al oeste del pueblo, por la casa de Pascualito. No le dio demasiada importancia, estaba absorto con sus problemas. Pero a los pocos minutos un alboroto impresionante cundía por el pueblo.

La gente corría, vio pasar al Comisario con sus efectivos y al Mayor con la élite del Cuerpo de Cazadores. Sacó medio cuerpo por la ventana del frente y le gritó al pardo Cáceres que pasaba corriendo para no perderse la movida: "¡Pardo! ¡¡PAARDOO!!... que carajo esta pasando, hermano". "¡EL GORDO BARCIA!, ¡EL GORDO BARCIA SE HIZO MIERDA CON EL AVION! ¡PARECE QUE CAYO EN LA ESTANCIA DE DON PASCASIO PEÑA ARRIBA DE LA CASA DE PASCUALITO Y LO MATO JUNTO CON TODA LA FAMILIA! ¡UNA BRUTA TRAGEDIA, ESTAMOS YENDO PARA VER QUE PODEMOS HACER!, y sin esperar comentarios siguió su corrida.

El primer impulso del Chiquito Gutierrez fue de dolor. ¡Que angustia, tantos muertos, tanta desgacia!, el segundo impulso del Chiquito Gutierrez fue de cálculo.

El Gordo Bárcia era solo, pero tenia contratado un entierro de los mas caros - cosa rara en el pueblo - y el viejo Pascualito y su familia, aunque eran muy pobres, eran muchos - calculaba como cinco finados mas - y sumando todo eran pesos y pesos que prácticamente le solucionaban las cuentas en rojo que le tenían tan preocupado. De todas maneras no podía dejar que la gente se diera cuenta de sus verdaderos pensamientos, asi que salió corriendo con una cara plena de dolor y desgarramiento. Dentro de su viejo Chevette rumbeando para los pagos de Pascasio calculaba si tendría la cantidad necesaria de cajones... si, tenia para todos, esto se estaba poniendo bueno, por fuera gritaba que no podía ser, ¡que horror pobre gente!. Le parecía mentira porque era increible, lo que es la vida, unos minutos atrás lleno de problemas y apenas unos instantes después no debía nada y por el contrario estaba super tranquilo economicamente.

Nadie lo notó, pero la mueca de dolor por momentos se le quería transformar en sonrisa. Le dolía, pero mas lo tranquilizaba. Así siguió lamentándose entreverado con la gente.

El Gordo ya estaba llegando al suelo cuando la explosión lo espantó. Atravesó una nube de humo y casi clava de trompa el avión porque su primer impulso fue frenar al tocar tierra, pero se recuperó a tiempo. Se bajó apurado y corrió hacia la casa del viejo, sin entender lo que había pasado. Lo vio venir caminando para el avión, nervioso.

"¡Que mierda hiciste Pascualito!, ¿prendiste fuego las casas?"

El otro contestó explicando lo sucedido, mostrando sus pelos chamuscados y puteándose por ser tan animal.

"¡Por suerte te das cuenta viejo bruto! - decía el Gordo entre lágrimas detanto reírse - ¡casi te freís vos y toda la familia, que bestia, ahora eso si, el galpón te quedó bien limpito ... ¡y quemaste como dos hectáreas de campo!"

No podía aguantar la risa, tanto se reía que contagió a Pascualito que también empezó a las risotadas y abrazados se metieron en las casas a tomar unos vinos caseros porque la fogarata les dio la idea de hacer un buen asado esa noche y el gordo tenía el si fácil para los envites de comida. Allí quedaron contándose sus cuitas y arreglando las cuentas de la gasolina del avión cuando comenzaron a sentir un murmullo que iba en aumento y parecía acercarse. Al poco rato el ruido de los motores era muy evidente y el griterío de la gente se hacia sentir. Salieron para ver que pasaba. El Gordo aprovechó para ir a orinar a la legtrina y Pascualito se acercó a la portera a mirar. Casi le pasan por encima gritandole cosas diferentes. Se preocupó. Pensó en sus familiares, que habían ido a la capital la noche anterior a controlar el nieto con el pediatra, a lo mejor alguna desgracia...

Los policías y los soldados no pararon para saludar ni para abrir la portera. Consustanciados con el accidente y en cumplimiento de su deber, ante el asombro del casero la tiraron abajo con los camiones y siguieron de largo para la zona de desastre. El que le aclaró las cosas fue el Chiquito Gutierrez que desesperado, expersando con ademanes sus sentimientos, se le acercó. Cuando lo vio vivo a Pascualito, Chiquito automáticamente borró un entierro de su cabeza. Luego se enteró que la familia del viejo no estaba y restó otros cuatro cajones, pero se consoló pensando que estas cosas pasaban porque la gente era muy bullera y agrandaba las cosas, en realidad él tenía la culpa por hacer caso, porque pensando bien mire si el avión va a caer justo sobre el rancho, que gíl había sido en pensar eso... pero siguió contento porque con el solo entierro de lujo del Gordo tenia para arreglar sus cuentas perfectamente, así que estentoreamente decía en voz alta:

"¡Gracias a Dios, Pascualito, gracias a Dios que están todos bien, nosotros nos imaginábamos lo peor, lo peor!, y la gente que lo rodeaba apoyaba sus afirmaciones.

Terminada esa etapa, deseoso de ponerle la firma a su situación económica, cuando ya salía para la zona del accidente, como una aparición mala vio salir al gordo Barcia de la letrina arreglándose el pantalón. Y aquí no pudo contenerse mas porque se le cayeron todas las cuentas, volvieron los números rojos, la desesperación, la angustia. A los gritos, encarando al gordo que lo miraba sin entender nada, lo único que le salió explosivamente casi llorando mientras movía hacia los lados desconsoladamente la cabeza fue:

"¡PERO GORDITO DE MIERDA, LA PUTA QUE TE PARIÓ, NUNCA HACÉS NADA BIEN...! ¿NO TE HABIAS MUERTO VOS?...¡JODER CHE, NO SE PUEDE CONFIAR EN NAIDES CARAJO...!

domingo, febrero 11, 2007

El hombre viejo que no se si estuvo

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El hombre viejo que no se si estuvo



La voz provenía de ningún sitio

Podía ver al anciano atrás y a mi izquierda, pero en realidad no se si estaba, por eso su voz parecía no tener procedencia.

Él conversaba desde su pasado lejano, reviviendo recuerdos.

La charla comenzó en forma casual, un acontecimiento pasajero, una tontería que generó un intercambio de impresiones, luego, para ser sincero con el lector, debo decir que intenté prescindir de ese anciano conversador, porque estaba agotado de tantas horas de trabajo, apurones y carretera. Quería dormir. Pero el hombre era persistente y en el mismo tono traía al presente acontecimientos de setenta años atrás dando una vivencialidad y frescura a sus personajes que los hacía estar allí entre nosotros.

Estabamos sentados en filas contrarias, sobre el pasillo del transporte interdepartamental, como estaba adelante para poder verlo debía darme vuelta completamente, lo que no era fácil, porque el cuello dolía y se dificultaba mantener la posición. Eso él lo entendía perfectamente sin necesidad de explicaciones pero seguía conversando imperturbable.

Así, con mi cabeza apoyada en el respaldo del asiento levemente inclinada hacia su lado, mantenía una actitud de descanso y de atención a sus dichos. Fueron pasando los minutos y los kilómetros.

Relataba de aquel Juez que entró al almacén en Cerro Corá, Paraguay, en 1934 - ¿o era 1935?, ya no se acordaba bien - y lo había hecho como siempre, como era su rutina, impecablemente vestido, bien afeitado y peinado. Pero esa tarde lo seguía un individuo de ropaje humilde, barba crecida y mal cuidada. El Juez ya estaba en el mostrador cuando el otro se paró en la mitad del almacén y le preguntó:

"¿Usted es el Juez fulano?"

A la respuesta afirmativa siguió la aparición de un revólver y la descarga de todas las balas en el pecho del profesional que en ese instante dejo de ejercer. El agresor se perdió en el tiempo.

Sus recuerdos dicen que él intentó movilizarse, buscar la policía, y que fue detenido por el almacenero que en perfecto "paraguayo" le dijo:

"Uruguayo de mierda, quedate quieto que son cosas de los mafiosos. Además ese que esta muerto allí sabía ser un gran hijo de puta, y bien muerto está", cerrando su sentencia con una exclamación despectiva en guaraní que no había entendido, pero la recordaba sonar como una maldición. Él por supuesto nada dijo, solo quedo en su memoria juvenil la sorpresa y la curiosidad.

Y aquel otro caso de los violadores de una niña de 13 años en el pueblo de Dom Pedrito, Rio Grande del Sur, Brasil, que fueron prendidos por la policía, luego reconocidos por la niña violentada y ante sus ojos muy abiertos – lo había visto todo porque formaba parte de la patrulla que fue a hacerlos presos – ajusticiados con un tiro de carabina en la nuca cada uno y luego dejados para las aves de rapiña en el fondo de una cañada.

En su juventud, asombrado y con el estomago revuelto preguntó al jefe de la comitiva por que motivo no habían sido sometidos a juicio, para definir su pena, y recibió como respuesta en un portuñol atravesado:

"No, meu filho, estos caras aquí no van a estuprar a ninguein nunca máis, ¿ta certo?". Y no estupraron nunca mas nomás.

"Es como le decía, caballero – siguió imperturbable – no había ley y yo siempre me he preguntado: ¿o realmente había?, porque hoy por hoy los reverendos hijos de puta están sueltos, los violadores salen enseguida y vuelven a cometer fechorías... ¿me entiende?, no se realmente donde esta la ley".

Yo estaba casi dormido, arrullado por el sonido del motor, el ronronear de los neumáticos en sus interminables vueltas en el pavimento y la cantinela monótona del anciano. Ya estaba entrando la noche, y la luz era escasa.

Allí escuché unas sentencias que dijo el hombre que me marcaron para siempre. Intuí como que era este "pase de conocimientos" entre dos generaciones el motivo que en ese viaje, en ese día, en ese momento, se produjese la conjunción de nuestras vidas que seguramente no se repetiría jamás. El hombre dijo:

"Por eso le digo a usted que es mas joven: Mire hacia el horizonte, si, m´hijo, viva y camine mirando siempre al horizonte. Véalo. Póngase esa meta. No pierda la vida mirando a las puntas de sus zapatos y se comporte como un ciego para lo realmente importante, recuérdelo bien. Y otra cosa: Cuando tenga que hablar, hable fuerte, que su voz sea segura, no como un pedido o una súplica, no, que sea fuerte, segura, firme, conductora. Así será como lo escucharán y lo respetarán, téngalo por seguro - y escuetamente finalizó diciendo - y ya no le converso más porque no quiero aburrirlo".

Dicho esto no lo sentí mas. Me pareció verlo levantarse y caminar hacia el fondo del ómnibus, seguramente al baño. Pasados unos kilómetros me di vuelta y no lo vi. Llegamos a la terminal, todos bajaron y él no estaba.
Intrigado, volví a subir y abrí apresurado la puerta del baño, porque por un momento sospeché que le podía haber dado algún achaque estando dentro, el hombre era muy viejo.

Pero no estaba.

No se como se fue.

(Si alguna vez estuvo.)

jueves, febrero 08, 2007

La vieja Etelvina y el podador

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La vieja Etelvina y el podador






“¡No, si asi no habrá náides que pueda pensar que vamos a tener una buena cosecha p´al proximo año!

Era la enésima vez que la vieja Etelvina intervenía en el trabajo del podador de la quinta, hombre ducho en estos trabajos y de carácter apacible. Al principio se mantenía callado. La vieja era persistente:

“¡Seca!, ¡bien seca va a quedar la quinta con estos podadores! ¡para que tanto sacrificio una vida entera Dios mío, para que...! seguía la anciana.

“Pero vea Doña Etelvina - el hombre decidió intercambiar impresiones con la abuela - se corta por debajo de los antiguos brotos dejando las nacientes secundarias para que broten en primavera, ¿ve?” La voz del podador era como un bálsamo para el carácter endiablado de la viejita, pero ella era insensible a las caricias tolerantes.

“¿VE?, ¿qué hay que ver? lo que se ve es que esta podando demasiado cerca del tronco y me va a secar los ciruelos, eso es lo que hay pa ver. Yo no se pa que hacen cosas sin saber, pa perjudicar a los demás. ¡Si yo fuera la que mandara en esta casa...!

El perro miraba de lejos con las orejas chatas, no se animaba a acercarse cuando los humanos tenían esas discusiones, sin embargo al podador le movía la cola sin reparos.

“Pero no abuela, es la medida correcta, tengo años en esto, me enseño mi padre y a él mi abuelo italiano, ya va a disfrutar en verano las ciruelas hermosas que van a dar estos árboles, ya se va a acordar de mi, abuela”

“No se de que ciruelas vamos a disfrutar si eso p´al verano va a estar seco. Vamos a tener que comprar fruta en el pueblo y utilizar los pobres ciruelos como leña con la brutalidad que usté esta haciendo. Mire, mejor me voy pa las casas para no amargarme“ y lo dejaba solo, ensimismado en su trabajo.

Esos eran los mejores momentos para el hombre, descansando de tantos gritos y sinrazones de la viejita, pero la tranquilidad no duraba, porque poco después ella aparecía y lo sobresaltaba desde lejos con sus gritos:

“¡Mire, mire nomás como cortó este pobre arbolito de ayá, seguro ese no pasa de dos semanas que esta seco y en cambio a este otro le dejo larguísimas las ramas, va a dar un vicio impresionante y no va a dar fruto ninguno... y las ráíces... ¡mire las ráíces! todas al aire después de mover la tierra... ¿pero quien dice que le enseño a usté? ¡Diga que estoy sola en las casas porque la familia esta para Montevideo, que sino le decía al marido de la hija que lo sacara de estas tierras, vea los desastres que hace, que horrible, que horrible!”

Imperturbable el podador seguía consustanciado con su trabajo. Matizaba las podas, la limpieza de yuyos y la dada vuelta de la tierra con palabras bondadosas intentando tranquilizarla, pero ella estaba inmersa sin retorno en la demencia senil y seguía en sus trece diciendo todo tipo de disparates al podador:

“¿Experimentados? ¡hágame el favor! ¿experimentados de que?¿experimentados en destrozar plantas?, mire haga las cosas bien y deje de lastimar a los pobres ciruelos ¿jardineros? jardineros eran los de antes, no esta porquería de ahora".

Bajo esa permanente tormenta de recriminaciones el hombre soportó estoicamente y al cabo de tres semanas, una noche fría y lluviosa de julio el trabajo quedo concluido y el especialista en podas volvió a sus pagos. Cobraría el cheque diferido que le habían dado en el banco de su pueblo.

Llego la primavera y los ciruelos florecieron como nunca, dando fe que el trabajo había sido de primer nivel. Las abejas de las colmenas alquiladas aseguraron una excelente polinización que generó una explosión de frutos en verano, en especial por ser un año de mansas lluvias y mucho calor.

Andresito, el mas chico de los Correa, jugando a los camioneros en el fondo de la quinta, cargaba concienzudamente con tierra un gran camión Ford de madera para llevarla a su imaginario destino cuando descubrió el cadáver de la vieja semienterrado entre unos yuyos, en avanzado estado de descomposición. (La familia había dejado de tener noticias suyas unos meses atras, al volvér de la ciudad no la encontraron, luego hicieron la denuncia, pero la policía nunca descubrió su paradero.)
Al niño la impresión lo dejó mudo por un tiempo. (Los padres gastaron mucho en psicólogos posteriormente.)

Lo que mas llamaba la atención del cuerpo descompuesto era el cráneo, porque en él se podía ver la boca llena de pequeñas ramas de ciruelo donde se apreciaba que varias habían enraizado y sus nuevos brotes comenzaban a aparecer por la orbitas, la nariz y la propia boca de la calavera abriéndose camino entre la piel corrompida, dándole al conjunto una sonrisa desencajada, tipo mueca burlona, “enciruelada” digamos.

martes, febrero 06, 2007

El loquito Maciel

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El loquito Maciel



Todos lo conocían desde siempre como el Loquito Maciel.

Hombre de sesenta y pico, parecía un paisano mas, pero al conversar demostraba tener un leve retardo.

Había vivido, trabajado y sufrido como cualquier mortal, nadie tenia quejas.Las cosas en el trabajo rural son rutinarias y duras pero hay que hacerlas, y él las cumplió a cabalidad, hasta que la edad pudo más y dejó de trabajar. Mas que la edad, quizás sus posibilidades intelectuales.

Por medio de un político partidario lo pensionaron por incapacidad y con eso sobrevivía en un ranchito de barro y paja, que el patrón permitió construir en un lindero de la estancia.

Igual trabajaba en lo que fuera preciso sin molestar, haciendo las delicias de los paisanos y de los mas pequeños con sus ocurrencias, en especial cuando alguien le brindaba una caña brasilera.

Loquito y sanamente pícaro, nacido en Artigas pero aquerenciado desde hacia mucho tiempo en Rivera, octava sección, vecino de Vichadero.

Asi, se iban los años, el tiempo pasaba rutinario hasta que llegó el plesbicito. El "SI" y el "NO".

Para los políticos una prueba de fuerza, maniobras para demostrar su peso en el pueblo, sus opciones en las próximas elecciones nacionales.

Pero para el Loquito fue muy complicado:

- Yo quiero papel blanco con letras azules, decía, nada de papeles con letras coloradas, no señor.

Habia sido del Partido Nacional - de enseña blanca - desde siempre. "Blanco como hueso de bagual" acostumbraba repetir, y con un odio secular a la divisa contraria, la colorada. Eso le permitía diferenciar sus votos, por el color, pero esta vez eran papeles blancos con letras negras donde se leia: en uno"SI", en otro "NO", y bastante letra pequeña por debajo de las grandes letras, letra pequeña dificil para él que la Escuela Rural solo la había visto por fuera.

Realmente se enfrento al problema en el cuarto secreto.

Porque le habían hablado, le intentaron explicar, pero no hacia mucho caso, siempre decía: "Cosa de Dotores".

Estaba allí solo, el sobre de votación en la mano, mirando la mesa llena de papeles blancos con un SI y un NO grandotes, pero en negro las dos.

Al final, como no entendía, pensó: "Así como estoy, voy viviendo, y con lo nuevo, quien sabe..." y votó NO.

Salió contento. Contento volvió al ranchito.

Al otro día los comentarios fueron en el almacén.

- Pero Loquito... votaste mal hermano, el Dotor lo dijo clarito: "Si votan NO les quitan la pensión."

El Loquito quedo pálido como hueso de bagual, mareado también y con ganas de vomitar. Volvió lentamente a las casas. Preparo mate, armó tabaco y se le fue la noche en pensamientos.

A la mañana arreglo sus pertenencias - muy prolijo - caminó hasta el ombú viejo en la esquina del potrero, ató un alambre, le hizo un nudo a la otra punta, se la paso por la cabeza, lo acomodo en el cuello y se dejo caer del tocón de eucalipto en el que se había subido.

Porque la síntesis de la noche de pensamientos había sido: "Si me sacan la pensión... ¿si así no da?. Para pasar mas hambre y mas penurias, mas necesidades... no señor, no señor.

A media mañana pasó el patrón y lo vio, balanceado por el viento.

¡Que costosa fue para el Loquito la pulseada de los Dotores...!

Al dejarse caer, mientras sentía una presión terrible en el cuello, una luz fuertísima le llamó la atención, alguien se acercaba, en caballo tordillo y de poncho blanco. Le parecía conocido. El hombre con naturalidad lo encaró, se le aparejó y le dijo: "Maciél, compañero, ¿que hace de a pie?, monte y sígame que tenemos mucho pa´cabalgar. ¡Dignidad arriba y regocijo abajo compañero!, ¡¡Vivan los blancos Maciél !!. y sin decir màs apretó los talones y el tordillo abrió camino al trote. Alli lo conoció.

Sin dudar, subió callado al hermoso matungo que apareció quien sabe de donde junto a su lado, dio un tirón a las riendas y se puso a la grupa del General. Pa sus adentros decía orgulloso: "Me llamó Maciel... mi General me dijo Maciel, carajo... no me dijo Loquito...¡¡Maciel me dijo..!! ¡ Vivan los blancos, carajo!.


(De la vida real con matices literarios) Montevideo 25 dic 96)


viernes, noviembre 24, 2006

El jardinero

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El jardinero




El amor a sus mascotas era conocido por todos los vecinos del barrio.

Tenía muchos perros y gatos y a todos los alimentaba y cuidaba cariñosamente, limpiando con tolerancia franciscana las necesidades biológicas de los animalitos.

La pulcritud de la casa y los amplios jardines demostraba su perseverancia, evidentemente generada por el gran amor a los bichitos que tenía, algunos desde cachorritos, la mayoría recogidos de la calle.

Los vecinos atribuían todos los esmeros del hombre a su soledad.

Hacía años vivía en la zona, lo conocían bien, todos lo recordaban recién llegado, con su madre al principio y luego aquel señor – antiguo amigo de la familia - por el que la señora tenia tanto cariño.

Como la atracción era mutua, al poco tiempo decidieron legalizar la situación y maduros ya, se casaron para juntar sus nostalgias, sus penas, sus alegrías.

El matrimonio civil fue una reunión hermosa que todos los del barrio recordaban. Al poco tiempo dejaron de verlos.

El hijo les hizo saber que habían decidido irse al sur a iniciar una nueva vida, porque a fin de cuentas no eran tan viejos y era una nueva oportunidad para ellos. Él no había querido ir porque decía - era entendible - que pese a ser su madre, se hubiese sentido como una carga para ellos y además no era chico y tenia sus propias metas.

Prefirió quedarse solo.

Desde ese entonces comenzó a acompañarse de animalitos. Todos los moradores cercanos querían mucho al muchacho, les generaba una mezcla de simpatía y lastima, verlo solo, tan trabajador, tan prolijo y preocupado por sus mascotas.

El hombre era el cliente preferido de los veterinarios. Lo adoraban, en especial por su desprendimiento económico. Pero pese a los cuidados, de vez en cuando alguno de los cuadrúpedos cumplía su ciclo y él tenía la costumbre de enterrar las mascotas muertas en el jardín, colocando sobre la tumbita un arbolito. Solía decir - era su frase predilecta:

- “El que se fue, vuelve en verde, en ramas, en flores, está aquí con todos, no nos abandona, nos regala su aroma, el ruido del viento al acariciar las ramas, el fresco de su sombra protectora, no nos cambia ni traiciona,se queda para siempre con nosotros”.

Los amigos lo ayudaban en esa noble tarea ecológica y así los jardines antes descuidados y yermos ahora eran cada vez más hermosos. Era una figura respetada, de buenas costumbres y muy querida.

Su orgullo mayor eran dos frondosos pinos canadienses que había plantado juntos en el jardín del fondo, los primeros de la serie, unos cinco años atrás...

jueves, noviembre 23, 2006

Idea y acción

Posted by Picasa Idea y acción



La vida de Patricio Ilustre Barreto Campos – los padres eran muy patriotas, pero habían discutido tanto el nombre de cual de los próceres ponerle al querubín, que al final optaron por esa fórmula de transacción cubriendo todas las posibilidades – decíamos que la vida de Patricio Ilustre ya había sobrellevado mas de cuarenta almanaques.

No era una persona deprimida o triste, en realidad siempre se le veía alegre, con ganas de hacer cosas, atento a los cambios, interesado en las novedades, pero por esos días algo lo tenía mal, algo lo venía entristeciendo.

Una mañana que llegó a las tareas del campo muy “apagado” pese al litro de mate amargo con cedrón que la mujer le había cebado al amanecer, su compadre Ernestino Bisulfo no pudo aguantar más y mirándolo fijo a los ojos, frente a frente, preocupado por su amigo, elaboró una secuencia de pensamientos que le permitieran – sin ofender al otro – ir a la esencia del asunto y por eso le preguntó, sintetizando:

- ¡Pero que mierda te pasa, Patricio!

El otro lo miró asombrado, pero poco. No tenía ganas en ese momento de dar explicaciones, pero el que le preguntaba no era cualquiera, era su compadre y la pregunta había sido muy incisiva. En realidad no le contestó, sino que comenzó a hacerle preguntas:

- Mirá pa yá, Ernestino, ¿qué ves?
- ¿Pa ya como? ¿p´abajo? ¿p´arriba?
- A le léjo. Mirá a lo lejo. ¿Qué vés?
- Campo
- ¿Y que más?
- Campo y vacas
- Ta bien, campo y vacas, tambien hay eucalitus... ¿y?
- ¡Nubes!, ta por llover, mirá, ya está chispeando
- ¡Ta bien, ta bien! Pero decime Ernestino, ¿estás conforme con lo que ves?. ¿No te falta nada?
- Y hermano, es lo que siempre he visto, campo, vacas, ovejas, árboles, pájaros, esas llanuras interminables que se pierden en el horizonte...
- ¡Eso, eso, llanuras inmensas!. Plano, todo plano, todo llanito. ¿Vos has visto puentes en el pago? Nunca viste. ¡No tenemos puentes!, con lo lindos que son
- Pero... ¿tas loco Patricio?, pa que queremos puentes si no tenemos río
- Por eso, también nos faltaría río. Me gustaría tener río y puente, ¿a vos no?
- Y pa ser sincero, si, también me gustaría, pero no hay. Lo que hay es lo que hay.
- Por ahora – dijo Patricio Ilustre Barreto Campos muy seguro – por ahora, y siguió con sus cosas sin tocar mas esos temas. Erenestino quedó mirándolo convencido que se estaba quedando loco.

Al anochecer volvieron a las casas. Cuando se despidieron en la portera, lo dejó mas preocupado porque Patricio le dijo:
– “Por unos días voy a estar lejos, pero después... ¡vamo a cambiar esto carajo!, ya vas a ver”

Cuando llegó al rancho, Ernestino fue derecho a comentarle a su mujer y quedaron en averiguar con el médico del pueblo la posibilidad de conseguirle alguna cura a su compadre. También barajaron la posibilidad de que algún enemigo le hubiese hecho un “daño”, todo podía ser.

Una semana después Ernestino terminó de preparar el amargo, metió un pedazo de galleta de campo en la boca y mientras masticaba se puso a mirar el amanecer por la ventana de la cocina, pero lo que vio lo hizo atragantarse y escupir pedazos de galleta... ¡A unas pocas leguas de las casas había bruto puente, era inmenso, metálico, altísimo, y la punta de cada torre estaba unida por una carretera bien ancha, como para dos vías facilito!.A las apuradas le puso la silla de montar al manchado y salió al galope para el lugar.

Al acercarse vio a Patricio Ilustre que, sentado en el pasto apoyado contra un ombú, miraba satisfecho

- ¿Y eso che?
- Estaba en oferta, hicieron uno nuevo en la ciudá, de hormigón, y este lo pensaban tirar. Hace tiempo que lo vengo “campaneando”, asi que me lo traje. ¿No es lindo? ¿Cambia o no cambia el paisaje? ¡Ahora es otra cosa!

Y tenía razón, todo parecía distinto, pero ahora el que quedó por un tiempo conflictuado fue Ernestino. Le daban vueltas y vueltas cosas en la cabeza, como por ejemplo: ¿Dónde se ha visto puente en una llanura como esa que no tenía ni siquiera un cerrito. Todo chato el paisaje, ahora el puente resaltaba, pero como que le faltaba algo, esa carretera colgada en lo alto de las torres no le gustaba. Decidió entonces tomar él la iniciativa y hacer algo.

La semana siguiente era Patricio el que no podía creer lo que veía. Su compadre le había dicho que se diera una vuelta por el puente y cuando llegó se encontró con una cantidad de montañas

- ¿De donde sacaste tremendas montañas, chéi?
- Las traje de a poco. ¿Quedaron lindas, no? ahora sí el puente se luce, las torres tienen un complemento, la carreterea sigue por lo alto, ¿no te parece?
- Y si, la verdá es que sí, ahora es otra cosa.... ¡lástima no tener rio ,hermano!
- Y es cuestión de ponerse a buscar, dijo Ernestino muy serio.

Tomadas las decisiones, ya nada los detendría.

No había pasado un más de un mes y ya se habían agenciado un hermoso río que pasaba por debajo del puente, entre las montañas altísimas. Los dos miraban su obra con satisfacción de padres.

Los vecinos empezaron a arrimarse a la zona porque se sentían omisos de no aportar algo a la obra de cambio de Patricio Ilustre y Ernestino.

El vazco Aguirregaray, sin previo aviso, una tardecita arrimó una laguna de más de veinte kilómetros de largo por ocho de ancho y bien profunda. Hacía juego a la perfección con el río, las montañas y el puente.

- ¿Ustedes consiguiendo tanto para la comunidad y un se va a quedar quieto? ¡Tan locos, están!, ni lo piensen. Si se puede, hay que dar una mano y sepan que puse en el agua tararira, bagre, dorado y trucha, no nos va a faltar pesca y podemos salir a remar, que siempre quise y nunca pude. Todos estuvieron de acuerdo.

El Ñato Pereira, vecino del paso del Ayuí, fascinado con los arreglos que encontró cuando volvió de la ciudad, sin decir nada quiso colaborar y consiguió nieve para la punta de las montañas.

- Les da un toque especial - decía – y además, si el tiempo ayuda, no se derrite y se puede esquiar, que yo siempre he querido. Las cosas tomaban un cariz especial.

José Carolino Rodríguez Estévez, muy amante de los árboles, adujo que las montañas estaban muy “peladas” y llenó todo el lugar de pinos, abetos, araucarias y otras especies que dejaron todo verde, y atrajeron infinidad de pájaros y bichitos del bosque.

Otro vecino a los pocos días arrimó un aerocarril, porque sacó la conclusión que sería menos cansador subir a esas alturas en ese aparato y con otros amigos de a poco prolongaron la carretera desde el puente hasta la terminal del tren que venía de la capital.

Una de las más queridas de la comunidad, mujer mayor y trabajadora, opinó que la zona ahora estaba tan hermosa, tan turística, que le tendrían que cambiar el nombre.

La comunidad asintió, pero costó muchísimo que se pusieran todos de acuerdo. En lo que si acordaron fue que era imprescindible hacer un lugar de descanso para los viajeros, un parador con bar abajo junto a la carretera y otro arriba en la llegada del aerocarril. Pocos meses después estaban construidos.

Por alli se apareció el turco Abdalá, y sin pedir nada a cambio – algo realmente increíble tratándose de él – arrimó un coche tipo camioneta con el que llevaban y traían a la gente desde la terminal del tren al parador y bar.

Alli surgió la idea en un grupo de vecinos, de renombrar el pago como: “Bar y alojamiento con coche de transporte”, y como era muy largo lo abreviaron a : “Bar-alo-co”. No gustó demasiado.

Siguieron pensando.

Por fin la señora de Patricio Ilustre fue la de la idea, dijo:

- Sintetiza lo que quieren y suena bien. ¿Qué les parece Bariloche?.

Y asi nació ese hermoso lugar de Argentina que con el tiempo se hizo famoso internacionalmente.

Esta es la historia verdadera de su nacimiento, que pocos conocen.

Recuerde amigo lector, que lo imposible solo cuesta un poco mas.

lunes, noviembre 20, 2006

Barrientos

Posted by Picasa Barrientos.

Barrientos miro al extraño con indiferencia. No era el primero que le decía lo mismo, le afirmaba lo mismo y finalmente no cumplía ninguno de sus dichos. No le dio importancia y siguió enfrascado en sus asuntos.

El extraño entendió el mensaje, ya le había sucedido en otras oportunidades, los pueblos pequeños eran similares, la gente también. Pero él siempre se las ingeniaba para convencer a estos ingenuos pueblerinos. Comenzó con una nueva perorata, cambiando la táctica de convencimiento.

Barrientos lo volvió a mirar, pero ahora le dio algo de atención, porque este individuo recién llegado a su villa le estaba resultando molesto.

El extraño noto el cambio de la mirada, vio que ya estaba entrándole a ese bruto, no se le escapaba ninguno de esos ejemplares, en unos minutos le sacaba terrible pedido. Siguió conversando en el sendero dialogal de que era la primera vez que llegaba a esa villa, un lugar tan apartado y carente, y por supuesto, también la primera vez que tenia el honor de conversar con alguien tan influyente en el departamento, que además entendería la importancia de la mercadería que le ofrecía y que...

Barrientos ahora lo miraba mas serio, ya no le era indiferente, ahora le resultaba francamente molesto y de lejos se veía que era un citadino de mierda, creído y sobrador.

El extraño vio la seriedad de la mirada y comprendió que ya lo tenía en el bolsillo, las defensas del canario estaban cayendo, ya estaba interesado en el asunto y cuando le dijera las bondades del fertilizante que le ofrecía, a precio excelente, en especial comprando por camión unas doscientas bolsas, y que lo podía pagar con cheques diferidos y que ...

Barrientos tenía la mirada congelada. Dejo el mate y el termo en el mostrador del almacén de ramos generales. Lo miro fijo al extraño y dijo:"Vea, aquello atrás de las casas es mi galpón y allí tengo mas de cien bolsas de fertilizante que traigo de la ciudad, me resulta bueno y no preciso mas. Aquí es mi negocio y usté me tiene podrido con su palabrerio. Esto aquí abajo – se agachó y puso algo metálico en el mostrador – es mi Smith&Weson 38 con cargador lleno, ¿va entendiendo?".

El extraño vendedor manejaba por la pésima carretera a mas de 100 kilómetros por hora, seguía sudando pese al frescor de la tardecita, mantenía el volante con la izquierda y con la derecha borraba nerviosamente con un marcador negro el pueblito del mapa.

Asi lo hacia el abuelo

Posted by Picasa Así lo hacia el abuelo.(Con cariño a la memoria de Primitivo Ibarra, oriundo de los pagos de Achar.)


El abuelo, ¡qué recuerdos su nombre!: Bonifacio.

De estar horas sentado pulseando los recuerdos, entreverado con vivencias de otros tiempos, jornadas en montes lejanos cuerpeando las carabinas coloradas a puro poncho blanco y coraje, siempre en primera línea aun sin entender demasiado los motivos, pero allí, firme, con el caudillo.

Bastaba solo una arenga del General para lanzarse al entrevero de divisas con la sangre hirviendo, a lanza seca y tocando a degüello, pronto a dejar la vida si cuadraba.

Él había servido con Chiquito Saravia hasta su muerte. Él vio su muerte. Estaba cerquita y no pudo evitarla. No pocas veces sus ojos se humedecían al recordar y por momentos estaba otra vez en Arbolito, oía los clarines a lo lejos, le volvía ese olor a pasto, pólvora, sangre, sudor y barro, sentía el resoplar de las monturas, el ruido de los sables, el retumbar del Mauser gubernista, los gritos de dolor y de coraje, las balas silbando muy cerquita. Mientras contaba de cuando casi niño, ya era un hombre soldado, la cara le quedaba tensa, seria, sus ojos por momentos dejaban el presente y volvían a aquel pasado porque así era de grande su pasión por la divisa. Pero enseguida la tensión aflojaba, la serenidad del rostro anunciaba que llegaban recuerdos diferentes, de los incontables que pueden acumularse cuando se vive casi un siglo. Y así pasaba las horas en su rincón preferido, frente a la higuera centenaria, en ocasiones conversando con seres nvisibles, otras enojado con su sombra o riendo sin motivo con la mirada mansa de sus ojos viejos y esa sonrisa que da el tiempo a las almas buenas.

El abuelo se acercaba a los cien años y a su cuerpo le costaba obedecer la mente. Pero aún con dificultades, cumplía su rutina. Ayudaba pelando papas y boñatos, preparaba las chauchas, limpiaba el patio de la casa y con que placer, con que respeto, podaba las plantas y arreglaba la tierra. Que lindo verlo reír con nietos y bisnietos, conversar con su gato Catunga entre ronroneos y acariciar cariñoso a su perra fiel, la Negrita, esquivando sus lengüetazos; el felino durmiendo en su falda las tardes frías y el can echado a sus pies atento a todo. Pese a la prohibición médica, el cimarrón nunca podía faltar en las mañanas, y si llovía, las tortas fritas eran algo sagrado, así se le iban yendo a Bonifacio los últimos días de su calendario, rodeado del amor de la familia.

Estudiaron la casa por un tiempo, preparando una acción breve y jugosa, porque sabían que el viejo loco estaba en el fondo todo el tiempo, que los lunes el hombre salía temprano a trabajar y a medio día la doña llevaba los hijos a la escuela. Quedaba solo el viejo. Perro bravo no había. La puerta estaría abierta como es costumbre en los pueblos chicos así que entrar no era problema.

Se habían interesado por las antigüedades que vieron al pasar por una ventana y cuando el reducidor de la ciudad confirmó que eran valiosas, prometiendo un buen dinero sin preguntas, lo decidieron. Esas porquerías se venden bien en el extranjero y ellos no eran de esos pagos y cuando los "canarios" se dieran cuenta lo que pasaba ya estarían lejos.

Rápido, fácil, sin riesgos, limpio y productivo. Ideal para un malandro.

Ese medio día desde el auto estacionado enfrente vieron salir a la señora con los pibes, los dos con sus túnicas blancas y moñas azules, muy prolijos. Demoraría no más de quince minutos en llevarlos y volver.Tiempo suficiente para sus tareas.

El menor de los ladrones comentó:

- Tá buena la doña, se le podría hacer otro, ¿qué te parece Nene?
- No pensés en poyeras ahora Chirola, que estamos pa´otra cosa.

A esa hora el pueblo estaba almorzando o empezando la siesta, las calles casi vacías, no tuvieron inconvenientes en entrar, fueron directo al comedor, entornaron la persiana para evitar curiosos, y comenzaron a cargar en bolsas y cajas los objetos: una gran jarra centenaria de cerámica europea con su palangana del mismo material, exquisitamente decoradas, unos viejos estribos de plata con espuelas, loza inglesa de época, cubiertos de plata con apliques de oro - casi todos recuerdos de un viejo tío estanciero - al igual que el facón y el mate con su base, ambos en plata y oro, donde resaltaban las iniciales del tío artesanalmente trabajadas en oro puro. Y así se fueron apoderando de las cosas que estaban prolijamente guardadas en cajones o presentadas como decoración en las paredes de la casa. Lo frágil a las cajas, lo duro a las bolsas. Sobre el hogar, en un sitial de honor, estaba el sable que un oficial joven del Ejército le había dado años atrás al querido viejo. Había sido de su abuelo, que lo blandió contra los revolucionarios de Aparicio y después de su padre, ambos colorados. Él defendía divisas nuevas pero respetaba las fundacionales y ese respeto a sus mayores le impidió obsequiárselo como quería. Pero deseaba que Don Bonifacio, ese querido viejo enemigo de sus mayores, lo custodiara de por vida, simbolizando su deseo como hombre de armas, de que las luchas entre hermanos fueran para siempre solo un triste recuerdo.

Se lo entregaron un 19 de marzo, aniversario de la batalla de Arbolito, sabían que así agasajaban doblemente ese anciano querido, esa fecha era muy importante en su vida.

No faltó buena comida, se recordaron viejos tiempos, fue un día de fiesta en el vecindario, inolvidable para el anciano, un gran gesto del joven oficial, una custodia que a Bonifacio lo honraba para siempre.

- Nene, esto debe tener su valor también, ¿no te parece?
- ¡Deja esa miérda, Chirola! el tipo no le dio bola, dijo que son fierros viejos sin valor, apurate y terminala que nos vamos.
- No tendrá valor pero me gusta - dijo el malandro chico y se puso a revolear el sable por el aire – me gusta y me lo llevo, carajo, y lo tiró dentro de la bolsa.
- Sos un gíl - el Nene estaba enojado - parecés un gurí, terminala, ya está todo, vámonos. Y cargando una bolsa fue a abrir la puerta.

La nieta de Bonifacio casi llegando a la escuela se acordó que no había apagado la cocina y la comida se le iba a quemar. Apuró a los chiquitos, los dejó en la clase y volvió corriendo. Si tenia suerte, evitaba el desastre culinario. Llegó a la casa preocupada y entró de golpe.

El Nene no llegó a tocar la puerta porque se abrió brúscamente y la mujer lo pechó, cayendo los dos al suelo. Antes que saliera de su asombro, una mano fuerte le tapó la boca y no pudo gritar.

- Mira a quien tenemos aquí – dijo Chirola - ¿Hoy te apuraste muñequita? parece que sabías que te quería conocer.

Ella comprendió la situación, pero no podía hacer nada. Observó el desorden, agradeció mentalmente que no estuviesen los niños, decidió no resistirse y dejar que los malvivientes se fueran. Trató de controlar sus nervios. El Nene la encaró enojado:

- ¡Hoy tenías que apurarte mina de mierda! ¡Justo hoy! - él conocía a su compañero e intuía lo que se podía venir - quedate quieta que ya nos estábamos yendo, no nos mirés la cara, ¡mira p´al piso carajo!, portate bien y no pasa nada.Pero las ideas del menor eran otras.

Tenia el cuerpo femenino contra él, le tapaba la boca con una mano y con la otra le acariciaba la barriga, los muslos, los senos, el sexo. La apretaba más hacia él y sentía las nalgas tensas.

- Pará un poquito loco, pará que aprovechamos y tenemos fiestita, mira que buena que está esta mina. Pero el Nene no quería problemas.
- Dejate de joder y vámonos que hay minas por todos lados
- ¿Sos puto vos? ¿No te gusta esta mina? mirá Nene: aquí no hay nadie, nadie va a joder, si querés te vas, pero yo voy a gozarme esta minita. Y dicho esto le apretó fuerte la entrepierna.
- Vos estas loco pibe, debes estar enfermo, pero está bien, ganaste – lo sabía agresivo y brutal, así que decidió no interferir más por las dudas, su propia salud podía estar en juego – dale rápido y vámonos. Si esta buena capaz que te acompaño. (No le había gustado que dudara de su machismo)

Ella no podía gritar, pero intentando defenderse con el talón le dio un golpe tan fuerte en la punta del dedo gordo del pie a su captor que lo hizo aflojar un poco la mano y pudo morderle con todas sus fuerzas los dedos.

El tipo gritó, alcanzó a soltarla, ella pudo gritar pero un certero golpe de puño la dejo desmayada en el suelo. Chirola comentó:

- Así me gustan más. Que se defiendan, es mas lindo. La dio vuelta, y separándole las piernas con los pies comenzó a aflojarse los pantalones. La situación lo había excitado mucho.

El abuelo sintió unos ruidos extraños en el frente, el gato saltó de su falda y se alejó prudentemente hacia el fondo. La perra tenia el lomo encrespado y gruñía mirando hacia adentro. Decidió investigar.

Despacio fue hacia la puerta del patio y la abrió. Negrita entró corriendo, en un ladrido solo, él la siguió. Ahora alcanzó a oír un grito apagado, un golpe y voces masculinas que no conocía.El ladrido alertó al Nene que ya sabia como era el perro, así que solo lo esperó y lo levantó de una patada. El bicho aulló dolorido, retrocedió rengueando y pasó quejándose entre las piernas del abuelo que en ese instante entraba al cuarto.

Al verlo, el mayor lo enfrentó, empujándolo violentamente. Perdiendo el equilibrio, Bonifacio se golpeó la cabeza en la pared y cayó quedando inmóvil, semidesvanecido.

- ¡Por tus imbecilidades capaz que maté al viejo de mierda! ¡Vámonos carajo! no compliques más las cosas, deja esa mina y vamos.- Ahora la única intencion del Nene era irse, y rápido.
- Ese jovato no jode a nadie, y no me voy a ir así, vení ayudame con este bombón, mirá que blanquita que es... que suavecita... Estaba muy excitado, fuera de control, completamente irracional. Su complinche no quería provocarlo más y decidió esperar que se sacara las ganas, después se tranquilizaría. Nervioso, quedo mirando la calle por la ventana entreabierta, vigilante.

Bonifacio comenzó a despabilarse. Le dolía todo el cuerpo, la rodada había sido brava. Se levantó con dificultad y vio a un gubernista trabado en lucha arriba de otro criollo. Le pareció reconocer a su Coronel. Recordó que había caído del caballo y estaba herido de bala en el costado. Recordó también que un oficial lo había sableado en la cabeza cuando ya estaba indefenso. Lo estaban ultimando. Una fuerza interior inexplicable lo hizo avanzar hacia el enemigo y se dejó caer sobre él agarrándole el cuello. Liberaría a Chiquito.

La excitación tenia al Chirola fijo en la mujer y no lo vio llegar. Con facilidad se soltó y dándose vuelta lo empujó con saña hacia atrás, haciéndolo caer nuevamente sobre las bolsas del botín. Lo puteó y echando mano al revolver que tenía en la cintura se levantó gritando: - ¡No vas a joder más carajo! Dio un paso hacia el viejo olvidándose que tenia bajos los pantalones, trastabilló y también cayó al piso aparatosamente.

El canijo colorado era fuerte, lo había revolcado. Bonifacio vio un bulto con armas caído a su lado, desesperadamente intento hacerse de una antes que lo ultimaran. Entre ellas apareció un sable.

El Nene, que estaba distraído mirando para afuera, reaccionó al sentir el ruido de los cuerpos rodando en el piso de madera, vio al viejo intentando agarrar el sable y a su compañero entreverado con los pantalones, que con dificultad se levantaba arma en mano. Le gritó:

- No tirés, animal, que todo el barrio se va a enterar... el loco quiere agarrar el sable, sacáselo y ya está. ¡Pensá, loco, pensá!

El Chirola, aguantando los pantalones con una mano saltó sobre el anciano, con la otra agarró el sable y blandiendo la vieja arma le dijo:

- ¿Esto querés?, te lo voy a meter en el culo viejo maldito.

El oficial gubernista blandía el sable sobre su cabeza, era el mismo que recién había sableado al Coronel herido. Bonifacio no lo pensó. Fue un movimiento instintivo, él no quería el sable que era arma de oficiales, los soldados utilizan lanzas y facas y la suya se le había caído en el revolcón. Pero ya la había encontrado entre el pasto. No dudó, se la enterró hasta el mango y sintió el calor de la sangre en su mano. Volvió a apuñalar y giró la hoja en el cuerpo del enemigo. La muerte de ese hijo de puta era segura.

La cara de Chirola adoptó una expresión de asombro, perdía fuerzas, se miró la barriga, vio la ropa enrojecida, soltó el sable y al viejo, tocándose la herida quiso hablar pero un borbotón de sangre no se lo permitió. Cayó muerto de ojos abiertos, con el viejo facón del tío estanciero, mango de plata y oro, con sus iniciales artesanalmente trabajadas en oro puro, enterrado en el estómago.

Eso fue demasiado para el Nene, que despavorido tiró todolo que tenia en las manos y solo atino a salir corriendo. Todo había sido tan rápido que no llegaba a entender lo que había pasado.

Bonifacio vio que el otro soldado gubernista retrocedía de su posición y volvía hacia sus filas, el cobarde juyía. Bajo unas ropas vio moverse un cuerpo, ¿todavía estaría vivo?. Paso por encima del enemigo muerto y se arrastró hacia su Coronel. Con cariño lo apoyó en su cuerpo y le levantó la cabeza, lo vio abrir los ojos. ¡Estaba vivo! ¡Chiquito Saravia estaba vivo!

La nieta recuperaba la conciencia. Vio la cara borrosa del abuelo, sentía que le decía algo de un coronel -” Mi Coronel, los corrimos mi Coronel” - aun aturdida vio el cuerpo ensangrentado del que la había querido violentar, el otro no estaba, la puerta de la calle abierta, la perra rengueando, todo revuelto...

- Abuelo: ¿qué pasó? ¿Qué pasó con los tipos?L

a cara de Bonifacio aflojó la tensión, los ojos retomaron la mirada dulce y pacífica. Ella se dio cuenta que estaba otra vez en el presente, con ella.

- Que le pasó m´hijita, ¿se cayó? - la voz era calma - todo esta desordenado... ¿y ese quien es?

La nieta no entendría nunca ese quiebre del tiempo. Vio al abuelo agitado, con hematomas en la cara y las manos ensangrentadas. Le arregló la ropa, lo ayudó a ir al baño y a lavarse, llamó a la policía y luego se sentaron en el patio. Preparó un tesito de tilo para los dos, para tranquilizarse - en realidad ella era la que lo precisaba, porque Don Bonifacio ya estaba tranquilo - acariciaba su perra y le preguntaba:

- ¿Qué le pasó Negrita, que esta renga? ¿otra vez se peleó con sus vecinos? ¡que perrita sabandija caramba! y con cariñosas palmaditas suaves le quitaba el dolor al animal que, complacido, echándose al piso le ofreció su panza a las rasquiñas.

La nieta no se animaba a preguntar. Le parecía imposible que el abuelo solo... no lo podía entender, después del golpe no recordaba nada. Cuando juntó valor le dijo suavemente:

- Abuelito: ¿que pasó en la casa?.El hombre miró a la nieta asombrado, y le contestó preguntando:

- ¿En la casa...qué pasó en la casa?. Sabe m´hija, estuve pensando, no sé si fue un sueño, pero me parece que al final salvé a mi Coronel Chiquito Saravia. ¿Lo pude salvar?, ¡que lástima que estoy tan viejo que los recuerdos se me entreveran!... que rico está el té m´hijita.

sábado, noviembre 18, 2006

El cabo Antelo y el lobizon

Posted by Picasa El Cabo Antelo y el lobizón


De todo el destacamento, el Cabo Nicanor Antelo era el más corajudo, instruido - dentro de sus posibilidades- obediente y respetuoso de las leyes, de sus superiores y de la gente.

De hogar muy humilde y corazón grande, siempre fue el primero para ofrecerse cuando se precisaba de una mano amiga, el primer comedido en cumplir ordenes temerarias y le sobraban ganas de servir a su patria aun a riesgo de su vida si la situación lo exigía, por eso la gente del lugar lo apreciaba, sus compañeros de armas lo querían y respetaban.

Eso si, era muy, pero muy supersticioso.

Ese Viernes 13 de marzo llegó a la villa el Coronel Gabriel Pereira de gira de reconocimiento por los parajes mas apartados de la joven Republica.

Luego de las inspecciones de rigor, los recibimientos, trabajos e intercambios profesionales, se dio orden de descanso y como bienvenida la oficialidad brindó al destacado visitante una comida tradicional: asado con cuero, chorizos, morcillas, acompañados de buenas ensaladas y postres caseros. Fue tanto, que pese a que todos comieron a voluntad terminó sobrando.

Ese día especial no falto vino a discreción para los solados y para la Oficialidad tenian reservado ron cubano en un barril grande traído desde el puerto, parte de una gran importación reciente y donado por el acomodado importador a los jerarcas militares.

El barril los acompañaba desde el inicio de la gira de inspección celosamente guardado por la guardia personal del Coronel y conservaba unos cuantos litros en sus entrañas de roble gracias a la estricta orden de: "Para la Oficialidad", bien cumplida.

Cuando los alcoholes hicieron efecto, comenzaron las conversaciones de motivos variados, derivando los cuentos hacia anécdotas personales y así, de a poco, ayudados por día y fecha tan especiales, terminaron refiriendo innumerables historias de aparecidos, vampiros y lobizones.

Al cabo Nicanor Antelo estaba entre el personal de servicio esa noche
- por lo que no pudía degustar nada alcohólico - y como su puesto de guardia quedaba cerca del fogón de la Oficialidad sin quererlo escuchaba - de mala gana - los cuentos del mas allá.

Tenia la piel de gallina y le parecía ver sombras moviéndose entre los chircales.Una de las tantas historias versaba sobre la vida del Doctor del pueblo, José Ignacio Palermo Mació, viejo vecino del lugar, conocido por todos y curiosamente séptimo hijo varón de diez hermanos. La niña tan esperada nunca llego a esa casa

"¡Séptimo hijo varón! seguro es lobizón" penso Nicanor que conocía al médico desde siempre - habia asistido su propio nacimiento - pero desconocia ese detalle fatídico. "Seguro lobizón" pensaba nervioso.

Cuando todos dormían y sólo el personal de guardia se mantenía alerta, un gran mastín marrón que había acompañado una de las tropillas de las estancias se acerco al fogón atraído por el olor a restos del asado.

Apareció por el costado de las casas del comedor de Oficiales justo cuando el Cabo Antelo pasaba caminando por el lugar.

Al perro hambriento el olor a carne asada le llenaba la boca de saliva, haciendole colgar baba de las mandíbulas. Al ver al hombre el mastín quedo quietito, moviendo el rabo.

A la luz del fogón a Antelo le pareció que los ojos del animal eran rojos y ese tamaño de perro no lo tenia visto en la villa, era tal el susto que lo veía mucho mas grande, como un ternero. Temblaba, seguro de estar frente a un lobizón.

"¡El doctor de seguro es el doctor transformado! - penso enseguida porque era viernes 13 y noche de luna llena - ¡justo a él le tenia que pasar!"

Un frío le corría por la espalda y quedo de inicio petrificado por el horror, luego su instinto militar lo hizo reaccionar y preparo la carabina para disparar, pero desistió del intento pensando en el galeno.

Y entonces juntando coraje de la nada, decidido, pese a su desesperacioón se paro firme y mirando al mastín con el dedo crispado en el gatillo dijo:

"¡No me comprometa, Dotor Palermo, le ruego no me comprometa, por favor Señor Dotor!"

viernes, noviembre 17, 2006

El caso del robo al almacen de ramos generales de Don Andrógino Pereira

Posted by Picasa El caso del robo al almacen de ramos generales de Don Andrógino Pereira


- ¡Dejenmeló, dejenmeló!, gritaba Hectorvides Gaetán mientras avanzaba intentando agarrar al desgraciado que había robado el almacén de Don Andrógino.

El pueblo estaba alborotado porque era el mayor comercio del pago y su dueño un hombre “pesado”, con muchas influencias policiales y políticas. En el hurto había desaparecido mucha mercadería y una pequeña fortuna en efectivo. El propietario creía tener todo bien escondido, pero el ladrón supo donde buscar rápidamente, por lo que estaba claro que el robo había sido vendido.

- ¡Dejenmeló, dejenmeló! – seguía gritando desesperado Hectorvides entre la gente - ¡Quiero agarrar ese ladrón y terminar de una vez con esto carajo! - pero el tumulto no le permitía avanzar.

En realidad nadie se lamentaba por Don Andrógino, porque el hombre no era querido. Tenía sus cosas. Tipo arrogante, nunca hacía favores al pobrerío pese a su fortuna y era el principal sospechoso en un intento de abuso sexual a una niña, asunto acontencido poco tiempo atrás, cuando aprovechando que no era del pago y andaba perdida buscando a su familia, la intentó engatusar con promesas de ayuda. La intención del viejo era violentarla, pero la cosa no había pasado a mayores porque al anochecer un viajante llegó al negocio inesperadamente y vio como el degenerado la estaba manoseando y ella se defendía como podía. Su aparición evitó lo peor. En el entrevero la chica salió corriendo y no la volvieron a ver. Nadie supo como, pero desapareció del pueblo. El vendedor comentó lo sucedido a un par de amigos, y al otro día el pueblo entero estaba enterado, así, aunque los contactos de Don Andrógino lograron tapar rápidamente el asunto, un olor a podrido quedo rondando al acusado.

- ¡Dejenmeló carajo, dejenmeló! este va a saber lo que es bueno, seguía vociferando Gaetán avanzando a los codazos entre la gente rumbo al galpón en el que se había atrincherado el ladrón.

Estaba lleno de curiosos pero nadie intervenía, solo vigilaban tratando de evitar que el malviviente escapara aprovechando la noche especialmente oscura. Preferían esperar la brigada policial que volvía de un procedimiento en Pueblo del Chircal, a unos cuarenta quilómetros, porque sabían que el caco tenía un físico nada despreciable – lo habían visto al seguirlo, era un mulato desconocido, joven, granadote y fornido, con dedos gruesos que convertían sus puños en verdaderas mazas que solo con mirarlas imprimían respeto. Y se debía tener en cuenta que seguramente estaba armado y al saberse acorralado mas alterado y peligroso todavía. Pero nada de esto amedrentaba a Hectorvides Gaetan, que enojado y lleno de coraje avanzaba a los empujones entre el gentío.

Varios vecinos comentaban: ¿Tanto valor el Hectorvides?, no se lo conocíamos... el tipo está haciendo méritos para congraciarse con el Sr. Pereira, quien sabe lo que le va a pedir al viejo después. Si sale vivo de esta, claro.

- ¡Que hombre, por Dios!, dejó escapar en un suspiro Mirtha Vermellón, que con sus casi cuarenta años no había conseguido un hombre que la pudiera soportar, mientras miraba fijamente al envalentonado vengador avanzando al galpón. ¡Que valor, mire como se arriesga!, ¡que hombre, por Dios.!

- ¡Me quitó las palabras de la boca, Mirthita!, le respondió Katia Insorbide, vecina del lugar - divorciada de 42 años y en permanente período de caza- mientras se secaba nerviosa la frente cuidando no se le corriera la pintura de los ojos. Ella también se lo comía con la mirada viéndolo arremeter entre el gentío. - ¡Con lo escasos que están los hombres así hoy día, m´hija!, ¡que Gaetán este, Virgen Maria!.

- ¡Dejenmeló, no se metan, dejenmeló!, seguía repitiendo como poseido Hectovides, hasta que logró pasar entre la multitud y llegar a la puerta del galpón. Antes de entrar se dio vuelta y mirando fíjamente a la gente dijo:

- ¡La cosa es seria!, ¡no intenten acercarse, no quiero que naides salga herido!, me sobran huevos y experiencia para solucionar este problema yo solo. Si quieren ayudar quedense alumbrando bien las puertas y las ventanas del frente, no sea cosa que este hijo de puta se nos vaya. ¡Hectorvides Gaetán no precisa polecía ninguno pa lidear con un malandro! y luego de gritar esa sentencia entró decidido.

- ¡Pero puede ser posible que nadie ayude al muchacho p´agarrar ese bandido! gritaba desesperada doña Ernestina Catalán – eterna amiga “secreta” del poderoso, al que nunca pudo casorear en todos esos años – y la única que sabia bien todo lo que el avaro tenia escondido, bienes que en parte consideraba también suyos como retribución a los servicios prestados. Nadie la escuchó.

Nadie quería escucharla. A nadie le interesaba realmente escucharla. Incluso a ella no le interesaba demasiado el asunto, pensaba que le estaría por pedir ese tipo a “su” Andrógino cuando recuperaran las cosas robadas y no veía con buenos ojos tanta valentía, pero tenia que hacerse sentir, por aquello de los comentarios.

Cuando el valiente desapareció por el portón se hizo un silencio impresionante solo roto por el ladrido de los perros alborotados por el tumulto. El gentío esperaba ansioso los acontecimientos. Muchos temían lo peor.

Se sintieron dos tiros y con un movimiento reflejo, todos se tiraron al piso. Casi no respiraban.Ya lo daban por muerto. Los segundos parecían horas. El nerviosismo aumentó al máximo.

Los hombres pensaban en lo inteligentes que habían sido al quedarse afuera de todo ese relajo y las mujeres estaban realmente asustadas y algunas muy excitadas.

Todos sufrían el calor de la noche veraniega, pero se mantenían pecho a tierra, atentos, mirando fijamente las puertas y ventanas iluminadas como Gaetán les solicitara.

Se sintió otro tiro, de un arma de mayor calibre. La tensión llegó a limites insospechados. Dos viejitas se desmayaron. La espera se hacia insoportable. Todos contenían el aliento.

- ¡Rápido, donde estás carajo! – preguntó susurrando Hectorvides en la oscuridad. Desde las sombras la voz del Negro lo guió:

- Acá en el fondo, seguí derecho, tas cerca, vas bien. Sentados en el suelo, espalda contra espalda, hablaban bajito.

- ¿Y los milicos?

- Siguen fuera del pueblo, pero están volviendo, hay que apurarse. Estos curiosos de mierda no me dejaban pasar y perdimos tiempo. Decime che, ¿qué hiciste para que se viniera toda la gente?, si el asunto estaba bien planeado. ¿Te costó encontrar las cosas?

- No, tu sobrina nos pasó los datos bien de bien, pero la vieja Ernestina me vio cuando ya me iba por el fondo y la muy hija de puta se puso a gritar como loca, armó terrible quilombo, no me dio tiempo a rajar, a gatas pude llegar aquí. Y todos me vieron, quedé quemado con todo el mundo

- ¡Ta bueno, no pasa nada, nadie mas nos va a ver! - dijo Hectorvides y disparó dos tiros al aire - van a pensar que nos estamos matando entre nosotros y del cagaso ni se mueven. Vámonos rápido por atrás que tengo los caballos prontos y allí no hay nadie, todos los bobetas están en el frente. Buscamos la nena, cargamos el camión y que se vayan todos a la reputísima madre que los parió. Cuando se aviven, estaremos lejos.
Antes de salir le dijo al Negro:

- Tirá un escopetazo ahora para que estos maricones se queden quietos, y no te preocupés, dejalos nomás que nos busquen, así va a pagar los manoseos ese viejo de mierda. Suerte que la gurisa se acordó de donde sacaba las cosas para convencerla ese mal parido.

La noche fue cómplice fiel, duando los milicos llegaron medio pueblo estaba de barriga en el suelo mirando el galpón y varios ya se habían dormido, porque entre el calor de la noche, una brisita fresca que se levantó, y los nervios gastados...

domingo, septiembre 10, 2006

Milagro seria volver

Milagro seria volver


Extrañamente la situación fue cambiando asi como cambiaba el tiempo de tibio a frio, aunque siempre humedo y pesado.

Quizas no fuera a llover pero seguro la noche seria cruel.

Ernesto se coloco el poncho patria y el chambergo, ajusto las bombachas de faena y se preparo junto al fogon para pasar la noche lo mejor posible.

Con una vara larga removió el braserio, acercó la madera enrojecida al cigarro y lo prendió dando una pitada larga. El humo blanquecino dibujó una figura fantasmagorica que purondo fue devorada porel aire caliente que se elevaba del fuego. “Si eras demonio te fuiste pal infierno” penso el peón que habia seguido el caminode la humada.

Después quedo serio, mirando como hipnotizado las maderas ardiendo e inmerso en sus pensamientos, la espalda semiarqueada, apoyando las caderas en un tocon de eucaliptus, sentado en la porpia tiera. Se fueron llendo los minutos.Arrimó mas leña.

-“¡Prepará la brasa que llego lo bueno, Ernesto! – la voz de Pedro atronó la tranquilidadde la noche y saco al otro de su letargo – el peón me dio una buena tira de asado, un par de riñones y un poco de chorizo de rueda que sobró del mediodia, no nos podemos quejar, va dar pa hoy y pa mañana carculo - E
rnesto no era de mucho comer de noche – y si queda... mejor, pero no me parece, che”. Pedro comiendo no tenia rivales y su aparato digestivo era de envidiar. Quedo pensando y despues dijo:

- “Si sere abombado, no tenemos nada que tomar, che”

- “¡Epa! No me apure si me quieresacar bueno – dijo a las risas Ernesto – tengo un litro de cerveza en las casas, la ponemos en el pozo mientras sale el asado... y p´adentro bien fria, mi hermano!”

- “Tonce a darle pues, estamos prontos, como los ricos, a tomar con cuchara grande hoy que Dios nos ha servido sopa”. Y siguieron en sus cosas preparando el manjar que los tomo desprevenidos.

- “Pensar que pensaba alimentarme solo de recuerdos hoy Pedro, y fijate que cena nos mandamos!”


- “La vida es asi amigo, hoy uno espera y nada llega y en ocasiones de la nada se aparecen milagros...”

- “Milagro seria volver a verla che” dejo escapar sin intención Ernesto.

- “¡Otra vez apechugando dolores viejos compadre...! ¡dejese de joder! esa china no lo merecia y uste lo sabe bien!”

- “Puede ser cierto... pero el corazón es porfiado, ¿vio?” - sentenció el mas joven arreglando el braserio bajo el parrillero casero, unos pedazos de varillas de h ierro juntadas con alambre, apoyadas en piedras. El olor a carne asada llenaba el aire.

- “Se me llena la boca de saliva che, hoye comeria una vaca vea” cuando vaya a buscar la cerveza fria, traiga un par de galletas criollas para acompañar. ¿La faca esta afilada?”

- "¡No vastar! – dijo Pedro sonrinedo y cortó un pedazo de asado para ver como estaba - usté sabe que a mi me gusta sangriento asi que para mi ya casi...!"


Ontem lembré de voće

Ontem lembré de voçé


- Eu no estoy certo de que ontem voce pidio pra mi que voltase nas casas, asho que voce esta esquecendo lo sucedido, Manuel.
- Eu no esquecí, meu irmao, ¡ de yeito neum ! Pasa que vos fuiste a lo de
Ñuperto muy en cuete y la cosa se te complica.
- ¡ Ta bon !, mais yo asho que está esquecendo algo usté. Porque hoy al
despertar no tiña mas meu chapeu en el rancho, no lembro donde pude deishar. Ademas la ropa esta tuda embarrada, asho que cai y me revolque na lama. Teño tuda la ropa sheia de sushera, mira aca, Manuel.
- Mais Andrés, voce voltó muito tarde ontem, casi amaneciendo, y eu
tampoco mi lembro muito ben d´iso, mais asho que voce no traia seu
chapeu. Voce entro, foi a sua cama y fico durmiendo profundo.
- Cosa extraña meu hirmao, cosa extraña, no lembro de nada. Ta bon, sera la caña que mi feiz mal. Voy mi vestir y deishar remojando esta ropa sucia y nos vamos para la estancia, ya es tarde de mas. Manuel, andá preparando los caballos para ir mas rápido, andá.

- Decime che Manuel: ¿llovió ayer?.
- No, estamos na seca faz mais de un mes, ¿por qué pregunta?
- Asho esquisito que miña ropa estuviese tuda sheia de lama, de donde voy a sacar barro si todas las quebradas estan secas, Manuel. ¿Será que yo mismo
me mojé en el boliche? Olor a caña no tenia.
- ¡ No vai tener ! ¡ Jedía a caña voce ontem !
- Mais eu no falo de min, eu falo da miña ropa, no tiña jedor a alcohol, era solo barro nomás.
- Poi ser que voce pego agua del pozo del boliche, y con el pedo, se lo tiró encima, y fico tudo mollado, ¿ no asha ?
- Eu no se, tudo e muito exquisito, muito raro Manuel. Na tarde vamos preguntar a la gente de Ñuperto, eu no mi lembro de nada.
- De que se va´acordar paisano, si tenia mas caña que sangre anoche, voce estaba bébado de mais.


- ¡ Manuel y Andrés !, acérquense un poquito, por favor.
- Tudo bon, patrón, ¿como vai?
- Voy bien, pero ustedes dos estan cada día mas desprolijos. Fijate che que hace mas de una semana les dije que trajeran los terneros sin marcar del potrero del norte, vuelvo hoy de la ciudad y no han traido nada. Que tengo que hacer para que los junten, ¿ pedirles por favor ?, eso ya saben que no camina conmigo, o mandarlos a la mierda a los dos, carajo, que eso si tengo unas ganas barbaras de hacer. Ahora mismo se ponen en camino y para mañana quiero tener esos vacunos aquí prontos para bañar, vacunar y marcar. ¿Me estan entendiendo o todavia tienen el pedo de ayer?. Ya me contaron que se la pasan en lo del Ñuperto todas las noches hasta tarde y se agarran los tales peludos. Acuerdense que peonada sobra y trabajo hay poco. Asi que no me jodan mucho mas, porque la paciecia tiene un límite. Y el mio esta alli cerquita nomás. ¿Entendieron?, bueno...¡a trabajar carajo!.

- Ta bien enojado el patron, sheio de razones. Vamos ter que deishar de
facer bestieras meu hirmao, si no eu acredito que vamos a quedar sin trabajo, ¿ voce no asha ?
- Ta certo, mais, fala para min Manuel. Yo salí con la yegua ayer para lo del Ñuperto o fúi en el zaino.
- Agora que vocé fala, mi lembro que salió con el zaino, pero hoy no lo vi nas casas, puede haber rumbeado pa la cañada donde hay buen pasto.
- Mais si el zaino no esta, como pude eu voltar al rancho. So de a pié. Y son mas de 3 leguas. Ta dificil, ¿no haya?.
- El zaino por hay debe estar, esta tarde vamos a buscarlo, no va in bora porque sí, sosiño.


- ¡ Manuel ! ¡ eh ! ¡ Manuel !, ¿apareció el animal?
- Ni rastros del matungo, Andrés. En las casas no está, y pregunté a los
vecinos mais ninguein percibió.
- Ta raro, ta extraño, ta exquisito. No estoy entendiendo que acontecéu. Tampoco encontre meu chapeu, y aquí pertiño no vide barro, tuda la tierra esteya seca. Vamos buscar esos terneros antes que u patron este voltando mais una vez a joder, e apois en la noite vamos conversar con .Don Ñuperto, ¿eh amigo?.
- Faló.

- ¡Don Ñuperto! ¿Como vay hirmao?
- Hola che, como están ustedes dos. ¿Qué se toman?
- Se agradece Don, pero nos quisiéramos falar de óntem.¿Vocé viú a Andrés?
¿Se lembra daverlo visto por aquí?
- No, ayer no me acuerdo. No vi ese crestiano por aquí, che.
- ¡Mais eu venia pra quí!
- Puede ser, mais eu no te vi ayer aquí no meu boliche. Eu lembraria.
- ¡Mas que coisa esquisita!
- Pense meu hirmao, ¿que vocé lembra?
- Eu lembro que monte el zaino, y comencé a vadear la quebrada chica, apois pasé pertiño du rancho de Don Ceferio Mestre, e depois comence a dentrar en el bajío del penitente, el arroyo esta cuasi seco, y en el bajio habia una niebla espesa por el frio de la noche. Taba frío de verdad, tome varios tragos de caña para aguantar la helada. Pero después no me acuerdo de nada más....

Don Ceferino estaba apoyado en el mostrador escuchando la conversa. A Ñuperto le llamó la atención que la cara del viejo cambiaba de expresion pasando de un interés menor, a realmente de asombro.

.................


Acontece que misia Nicanora fico muito resentida poruqe eu fiz alguna soncera, masi no mi lembro que foi que hice, taba bébado de mais. Se que Neliña, la gata que eu mas gosto tambien fico extraña y no falo mas conmigo. Entao eu volté pa las casas...mais no mi lembro meu hirmao.

Estan falando que voce foi secuestrado por los marcianos, eso es lo que se comenta en el poblao. Quen plato volador pegó vocé y llevo a lua. Que voce volto esquecido a masi de 14 leguas de donde lo secuestraron. Dicen que unos dotores marcianos experimentaron en uste. Y NO SE CUANTAS COSAS MAS. Estan Todos alborotados los puebleros. Parece que vienen los de los diario y radio y tambien lo de la televisiones, se esta volviendo vamoso, como los politiqueros chei!!

Pero que clase de bobajen e tudo isto aqui, oh? Macianos? Eu?

Por eso parece que tiene la ropa sucia de ese barro medio azulado, que no hay por estos pagos, quien sabe lo que le hicieron, me esta dando lastima, capaz que me sale lobizon.

Que lobizón ni que carajo, no fala mais bestieras!!!Debe haber otra explicación seguramente.

A la noche siguiente aparecio el Doribaldo, menor de los Mendiete Perez, vecinos de la quinta sesi+on, con un recado de la Clodomira, una de las habituales del quilombo de villa Teresiña.
- Y sí, dice que vocé deixho sua yegua nos fondos de sua casa. Que llego tudo mamao, se resbalo en el cochinero, fue a los tumbos pal patio de lavar y caró revolcado entre la ropa que ella estaba tiñendo, le ensució todo, después se fue caminando y ni le pidio disculpas




- Mais nao, patron. Eu voi ti dicé o que realmente aonteceu. Eu fique bébado la noite tuda. Eu fui ao kilombo de catia y depois no milembro mais. Tome equivocado el caballo y volt+e para u rancho con otro matungo. Se ve que al soltarlo volvi{o solito para sus pagos. Pero mi yegua se quedo en el quilombo. Parece que me cai en el potrero, segun cuenta la fani. Lo demas es todo cuento patroncito. ¡No vai creer sonceras! ¿o vai?
- - Escuchame bien, bestia. Escuchame bien. Tengo la estancia llena de periodistas, de elementos de la radio y la television, cosa que nos va a dar publicidad justo ahora que estan bajas las ventas. Esto nos viene bien. No somno mierda hiciste para levantar tanta polvadera, pero ahora vamos a seguir con esto. ¿Entendiste? Tenemos que aprovechar la bolada. Mir{a: donde te pongas a soncear con ese asunto del quilombo no haces conchabo aqui nunca mas ¿ ta claro?
- Clarito patrón. Ta certo, feisho boca y no falo bestera. Faló.

Cuando el peón se fue acercando al camoati de camaras microfonos y flashes este se alboroto mucho mas todavia. En el centro estaba el patron con sus mejores pilchas.
Lo vio venir y pidió que le dieran paso... se le acercó y le dijo:
- Estimado patrón, si usté me permite voy... pero no pudo terminar la frase porque el jefe le dijo, abrazándolo:
- - Pero... si te conozco casi como a un hermano, ¿que va a decir esta gente, Andresito? ¿que los tengo como en una carcel’ ¡aqui somos una familia! Tuteame como siempre, ¿te vas a poner educado ahora? ¡Por favor che!
La expresion de asombro del peon paso desapercibida por el gentio... no podia creer que ese engendro hijo de puta lo estuviera abrazando y dandole esa entrada. El malparido era mas interesado de lo que creia. Pero esto le venia bien. Ahora un brillo de malicia se reflejo en sus ojos. Ni corto ni perezoso el tambien abrazo con fuerza al patron – que sintio como le apretaba el costillar haciendole doler (péro nunca dejo de mostrar la sonrisa) – y le parecio mentira escuchar y tener que soportar a esa mierda de borrqacho diciendo para todos los periodistas y los curiosos reunidos.
- Ta bom, masi que patron, meu hirmao. Ta certo. Yo te decia che... fue algo extraño, entre en una nube....

Después de los estudios de rigor habían dejado bien definidos lospuntos donde se efectuarian los pilares del puente. En ese sector se iniciaria el trabajo por encima del arroyo en la bajadea de los Martinez Escobar, zona de las Tres bocas como se acostumbraba a llamar allugar, marcado por una desviacion en forma de tridente por entre las rocas del lugar, sector bastante bajo y de facil inundacion ante cualquier lluvia de mediano volumen. Esto habia traido incontables problemas para el transporte en la zona y los jefes de la mina habian decidido de acuerdo con los politicos efectuar un triple puente en el sector.

Costó mucho definir los puntos mencionados y para asegurar su trabajo dejaron por esa noche unas balizas de tateria con relay para la luz, dos azules y dos anaranjadas, intermitentes. En cuanto cayera la noche se prenderian y su luz avisaria a los peones por donde no debian dejar pasar las reses. (O al menos eso esperaban.)

Terminado el trabajo volvieron a la mina para tomar un baño reparador y luego a tomar un merecido descanso. Al poco de caer la tarde funcionaron los relay y las balizas s e encendieron. Todo el sector quedo inmenso en esa mezcla de anaranjado azulado fluctuante.

Entrada la noche,el frio de la madrugada contrasto con el calor que retinia el agua y se genero una gruesa neblina que placticamente impedia la vision a un metro de distancia, las luces generaron una atmosfera muy poco comun para esos parajes tan de tierra adentro, generando la ilusion de encontrarse en un lugar completamente diferente.

...........durmiendo la borrachera sobre el lomo del zaino, ni se entero que este siguio automaticamente en busca de sus pagos pasando por elsector delas luses y luego siguipara suscasa las de la negra Ernestina. Al llegar el resopllido del animal semidesperto a ......que al bajarse del lomo del noble animal cayó empujado por la borrachera y atino a arrimarse un poco a la pared del galpon dondesigui su sueño sin inmutarse.

El menor de los Comesaña, Alejandrito, atino a pasar por el fiejo Fusca por la carretera nueva cuando vio a la distancia el caballo con su jinete meterse dentro de esa niebla fantasmal y con esa extraña iluminación. Quedó como embobecido. Era un fanatico de los asuntos de los platos voladores, los OVNIS, pero el miedo pudomas y en vez de acercarse aceleró el viejo auto en direccion a la comisaria del pueblo, para dar parte de lo visto.

A la mañana siguiente la empresa comenzo los trabajos de excavacion de los pilares y ya no eran necesaira las balizas por lo que retiraron todas dellugar.

Mae Matilda

Mae Matilda.





Alli está la Mae, tendida en el piso del terreiro presa de convulsiones espasmódicas con la ropa empapada en sudor pegada al cuerpo semidesnudo, los brazos cual víboras reptando con sus largas y cuidadas uñas rasgando el aire, mientras balancea sensualmente sus generosas caderas atrás y adelante, atrás y adelante, cual si estuviese haciendo el amor con alguien invisible. De pronto, girando bruscamente se pone de pié continuando una danza ritual agachándose, elevándose, agachándose, saltando, dando vueltas permanentes como en un remolino mágico de pasiones, olores, colores y sonidos que no quieren detenerse, mientras el ritmo de los tambores va aumentando, se hace cada vez más y más penetrante, más y más rápido, más y más fuerte, contagiando a todos los presentes que miran, acompañan y van siendo seducidos por el ritmo que crece, crece, crece y bruscamente se detiene. El silencio invade el recinto, se puede sentir la respiracion jadeante de los fieles, las moscas volando, el ronroneo repetitivo de los ventiladores que solo movilizan aire caliente.





Mae Matilda cierra fuertemente los párpados, sube y baja las cejas, es poseida por un temblor nervioso generalizado y dejando caer hacia atrás la cabeza, con la nariz fruncida abre ostentosamente la boca chillando como animal herido, emitiendo sonidos guturales y hablando con una voz que no es la suya, una voz grave que no se corresponde con sus rasgos hermosos de morena, con esas perfectas piernas largas que parecen sin fin, brillosas y provocadoras, disfrute de los ojos masculinos. Es la voz del espíritu que la ha poseído. El momento ha llegado.





La piel de los creyentes se eriza, los asustados asistentes casi no parpadean al verla entrar nuevamente en un estado de sopor cayendo entre las velas balbuceante, cansada, respirando profundamente y marcando más los pechos firmes de pezones erguidos bajo de la blanca bata del ritual, enrojecida por la sangre del animal sacrificado. En ese momento Matilda entra en trance nuevamente.



Las ofrendas están efectuadas, el gallo negro degollado es un bulto de plumas sangrientas junto a los granos y el tabaco. Las velas encendidas de múltiples tamaños y colores dan una luminosidad irreal a la macumba, donde el olor a humo, transpiración e incienso se mezclan al de tabaco y ron que la Mae escupió al fuego.





El "trabajo" sé esta llevando a cabo según se lo han pedido: hacerle una "limpia" a la Teresa, porque las cosas no le están yendo bien a esa creyente y la culpa es de su hombre, Carliño, de quien hay pocas cosas buenas que decir. Pero este "trabajo" es muy difícil, porque lo que Teresa no sabe es que la Mae desde hace tiempo es amante de Carliño ni que el plan que esta preparando la incluye especialmente, que es un trabajo diabólicamente especial, un trabajo de macumba negra, preparado a la medida, a su medida.





Mae Matilda goza mucho con ese muchacho menor que ella y que maneja a su antojo, dando rienda suelta a sus más extrañas ocurrencias sexuales. Ella de muy niña fue vendida a un camionero y fue mujer antes de cumplir once años. Por alguna razón desconocida nunca se embarazó. Su vida fue muy dura hasta que entendió el poder de los Orixás y aprendió todo los secretos del culto. Pasó a ser respetada y temida. Después pudo hacer las cosas que siempre había deseado y acostarse con quien ella quisiera. Ahora quería ese hombre y ya no deseaba compartirlo, lo quería para ella sola, se sabía con el poder para borrarlo de la vida de Teresa y lo usaría. Ella bien conocía que la moralidad de Carliño no había sido definida en sus 22 años de agitada, miserable y prácticamente analfabeta vida, iniciada en la dureza de una villa miseria, periferia de la ciudad, de donde sus padres, gente de la frontera, llegaron a la metrópoli tratando de escapar de la pobreza pero sin poder hacerlo honradamente. El padre murió a los pocos años, acuchillado en una discusión entre borrachos y su madre tuvo que ir obligada a “hacer la calle” porque no había ningún trabajo para mujer pobre, con hijo pequeño y sin oficio. Y tenía que criarlo. De grande y bien en copas, decía siempre a los presentes que él era un real hijo de puta, pero de puta obligada, que no es lo mismo. Lo fue por poco tiempo. La droga que la ayudaba a soportar su calvario, los estragos de las enfermedades venéreas y la triste vida que el destino le marcó, sentenciaron una vida breve. Al fin Carliño niño quedó solo, la calle fue su escuela, no tuvo quien le enseñara los limites correctos entre lo justo y lo injusto, entre lo legal y lo ilegal, entre el amor y el deseo animal, casi puro, simple, desinhibido, práctico. El mundo primero lo segregó, luego lo humilló y por fin lo olvidó. Él tuvo que hacerse recordar a golpes. Así creció.





A su manera él quiere a Teresa, pero no tiene problemas en transar a cuanta mujer se le insinúe, porque siempre puede, siempre está a la orden, su virilidad es natural, espontánea, incuestionable, pero con Teresa... es diferente. Hasta la primera vez con ella, que fue la primera vez de ella - y él lo sabia - fue muy tierno, algo poco esperado con sus antecedentes. Con ella siempre era tierno. Con ella siempre había sido feliz. Con ella se sentía necesario y querido. Hasta él mismo se asombraba, no estaba acostumbrado a que la vida siquiera le insinuara una sonrisa, porque desde que tenia memoria la vida había tenido para él la cara seria, casi de asco, una cara de culo permanente. Así lo sintió siempre al ver su padre borracho y vencido y después a su madre prostituida. Él era un niño de la calle que había logrado sobrevivir en esa jungla.





Con la Mae todo era diferente, ni mejor ni peor, eran cosas distintas. Ella lo poseía, lo hipnotizaba, lo hacia tener sensaciones increíbles, lo azuzaba, gustaba de su violencia, era una hembra todo deseo, acción y placer sin límites, que desconocía las palabras "prohibido" o "vergüenza". Muchas veces en el propio terreiro se le entregaba, cosa que parecía excitarla mas: A él esto lo cohibía un poco, no le agradaba tener sexo entre imágenes de santos afroamericanos y en un lugar de culto. Pero igual la complacía.





Esa noche Carliño también estaba observando la macumba. Desconocía los motivos y los encargos, pero siempre le fascinaba ver a la Mae en acción, que era lo que le interesaba, porque no creía en nada. Pero en el Terreiro su vinculación con una principal - conocida por la mayoría, menos por Teresa - le permitía disponer de caña a discreción, comida, techo, ver a la gente tenerle una mezcla de miedo con respeto y como postre exquisito, todo el placer que ese cuerpo voluptuoso le daba. Además generalmente luego de un “trabajo” como este, se le entregaba con inusitada violencia y a él que siempre le había faltado todo lo fundamental, no le importaba tener que soportar las estupideces del culto. Para él eso era el paraíso en la tierra y verla en los rituales le gustaba, lo excitaba.





Le llamó la atención ver a Teresa entre los asistentes, no era común que participara, pese a ser creyente, porque siempre llegaba cansada de hacer limpiezas en casa de ricos y después en el rancho, lavaba "para afuera" juntando un dinero para sobrevivir, que Carliño no traía. Agotada, siempre se acostaba temprano, no sin antes hacerle saber su amor entregándose a él o con simples gestos, caricias o palabras tiernas. El sexo con ella era distinto, era un remanso, era frescura, era su paz. Ella era la paz que había buscado tanto.





Teresa amaba ese hombre, confiaba en él, lo precisaba, le tenía fé, nunca cuestionó sus salidas nocturnas a los trabajos que inventaba, ni prestaba atención a los chismes de sus andanzas con otras mujeres. No los creía. Pero eran tantas las insidias que al final la entristecieron y sin decir nada, callada, llevaba su cruz en silencio. Estaba convencida que le habían hecho un “trabajo” negativo al Carliño y ella lo salvaría, no iba a dejar que se lo sacaran, fue por eso que consultó a Mae Matilda, su amiga y como de la familia, casi una tía. Jamás pudo sospechar nada.





Pae Orexis, la mayor autoridad del Terreiro, hacía tiempo que sospechaba que no se cumplían las normas de respeto que se debían a sus santos. El espíritu que lo posesionaba le recriminaba esos desprecios y acusaba a Mae Matilda de todo. Le ordenaba que él, el Pae, la hiciera cumplir los cultos, la penalizara. Era imposible, la deseaba desde siempre. Tuvieron sus cosas al iniciarla en la macumba, cuando le enseñó todo lo que sabia del culto y desde entonces jamás la olvido. Por el contrario, cada día estaba más apasionado por esa mujer, pero desde que ese otro apareció en sus vidas, ella lo rechazaba. Y por eso lo odiaba, y también le temía, sabedor de los antecedentes del sujeto. Pero esa noche su odio a Carliño comenzó a transformarse en odio hacia la Mae porque un Pae no debería ser despreciado de esa forma, menos aún por un aprendíz. Eso no debería pasar y si pasaba seguramente era por la posesión de un espíritu oscuro, quizás encarnado en el Carliño... ¡eso tenía que ser! y estaba en sus poderes devolverla al bien a cualquier costo. Pensaba y pensaba. Con cada trago de caña y cada pitada de charuto esa convicción crecía en su corazón: ella debía estar poseída por el demonio y era su obligación salvarla para tenerla nuevamente. ¡El demonio estaba allí, frente a él, encarnado en hombre!, ¿cómo no lo entendió antes?. Buscando fuerzas fumó un cigarro de maconia y apuró otro trago de caña blanca. Con las ideas convertidas en huracán en su cabeza, vistió sus ropas ceremoniales y fue caminando hacia el terreiro. Tenia una convicción muy clara: utilizaría todos sus poderes, aniquilaría el espíritu que la dominaba y a la vez liberaría al humano del demonio. Ya liberada, sería nuevamente solo para él. Era la mayor lucha de su historia como Pae. Se enfrentaría al propio señor de las tinieblas. Tomó otro trago, pitó con fuerza y se alejó entre una nube de humo apurando el paso.






La Mae no lograba razonar coherentemente. Estaba muy mareada por los alocados movimientos, el alcohol y el ambiente opresivo del terreiro y comenzó a desvanecerse. Teresa intuyó que Matilda se iba a caer y era peligroso por las velas prendidas y sin pensarlo se levantó de un salto corriendo hacia su amiga, con tanta mala suerte que resbaló en la cera de las velas y fue como patinando hacia la Mae, intentando guardar el equilibrio. Casi desmayada, Matilda alcanzó a ver una aparición increible: la Diosa Iemansha se deslizaba sobre la aguas alli, junto a ella, acercándose. La vio hermosa, perfecta, flotando sobre el manso mar que la cobijaba con cariño. Una radiante luz salía de todo su contorno iluminando la lóbrega sala de oración y encandilándola. La sabia imparable, ella nada podia hacer contra esa reina, salvo rendirse a sus pies. Porque su secreto más escondido era que jamás había creido en lo que hacia, actuaba simplemente porque el poder le agradaba, por el placer de ser respetada. Por eso jamás pensaba poder ver -ella, una descreida - a Iemansha. Pero alli estaba, no era otra cosa que una señal divina y de alli en más su vida cambiaria. No seria nunca más falsa a los dioses, ¡nunca más!. Fue tanta la emoción que cayó desmayada a los pies de su diosa reivindicadora.




El pae Orexis entró velozmente al templo umbandista, empujando los feligreses. Una de ellos caminaba resbalando hacia las ofrendas chapoteando en el agua derramada en el suelo. Parecía que la Mae quería agarrarla o que la estaba llamando porque hacia ella se dirigía. Con su experiencia, el hombre se dio cuenta que la Mae intentaba agarrarla seguramente para poseerla y él no iba a permitir que en su templo un Dios del mal hiciera culto. Sin detenerse se avalanzó sobre su poseida Matilda con la intención de que no atacara a la muchacha y santificarla para quitarle el mál de su interior. Cuando se lanzo hacia ella, esta cayó al suelo aparatosamente, desmayada. Los ciento veinte quilos del Pae no le permitieron frenar en su embestida y resbalando en la cera siguió su camino en el medio del terreiro desparramando velas prendidas, cera derretida, el gallo degollado, terminando los dos abrazados contra el altar que voló por los aires generando una lluvia de plumas, santos y polvo sobre todos lo presentes que seguían los acontecimientos danzando inmersos en una especie de trance. Practicamente nadie tenia clara noción de lo que estaba sucediendo menos Carliño, que preparado en estos entreveros desde hacía rato sospechaba de los bailes y las entonaciones de la sacerdotisa mirando maliciosamente a "su" Teresa. Por eso logro tomarla de la cintura y salir del tempo reculando entre los creyentes. No vió el descenlace de la intervención del Pae, pero escuchó clarito el estruendo.



La brúsca aparición del Orexis, el desmayo de la Mae y el desbarajuste que siguió a dichos acontecimientos contagiaron a muchos de los presentes que se babeaban, convulsivaban o se desmayaban completamente poseidos por el momento, mientras la mayoría seguía bailando frenéticamente al ritmo de los tambores que jamás dejaron de sonar.




Ya lejos del terreiro, Carliño miró la cara de Teresa, que estaba adormilada y no decia palabra. La vio agotada y frágil, volvió a sentir esa sencación especial que solo con ella aparecía. Pensó: "Y si, demasiada emoción en una sola noche para alguien que trabajó todo el día sin parar". El había intuído las intenciones de Matilda y no le habian gustado. Juro no volver más a ese terreiro. Desde ese día algo cambió en su interior porque a la mañana siguiente se asombro a si mismo al descubrir que estaba pensando en la posibilidad de buscar un empleo...




Mae Matilda se hizo inseparable de Pae Orexis, no era quien para desobedecer las ordenes de su diosa Iemansha. Cuando contó la vision a quien fue su marido oficial - sin papeles - de alli en más, este le decia que estaba bendecida por la diosa, porque eran muy pocos lo que habia podido verla personalmente. Con su ayuda habia podido quitar su cuerpo al demonio que la había poseido y ahora si serían felices llevando a su rebaño por el camino de los dioses africanos. Fieles no faltarían, gracias a la pobreza, la falta de trabajo y la esperanza que nunca muere.