viernes, septiembre 07, 2007


Traición, poyeras y asuntos



El hombre miró al viejo, desconfiado.


El viejo miró a extranjero inexpresivamente, mientras llenaba de agua la pava. La colgó del gancho de fierro, acomodó la llama y se dedicó a ensillar el mate, que ya estaba bastante lavado.


Todo lo hizo en forma mecánica, automática, sin dejar de observar al hombre recién llegado estudiándolo minuciosamente. Cada gesto, cada tic nervioso, cada movimiento de sus manos; como se paraba donde tenia la faca, el tipo de mango; como era la ropa, su calidad, su antigüedad, su procedencia. Todo era de interés para el viejo.


Parsimoniosamente dejo de lado el mate y se armó un tabaco. Sin decir palabra estiro la mano con el paquete y las hojillas hacia el forastero, apoyado en el mostrador del almacén de ramos generales. El hombre sin decir palabra asintió con la cabeza, agradeciendo, y con movimientos precisos lió un tabaco. Uno pequeño, para no abusar. ( No tenia muchas ganas de fumar en ese momento, pero no quería ser descortés con el anciano.)


Todo fue lento, medido, pensado, pausado. El recién llegado agarró una ramita prendida del fogón, arrimo la brasa al tabaco y pego un par de pitadas fuertes. El olor a cigarro invadió el ambiente. La ofreció al viejo, que acercó la cabeza y también prendió su armado. Dio una pitada larga y luego largó el humo lentamente por la boca y la nariz, quedando el pucho colgando del borde de los labios, a la derecha, de donde con la lengua lo paso para la izquierda.


Le ofreció un mate.


"Está medio lavado"

"Se agradece -dijo el hombre con voz gruesa y cortante - pero vengo de lejos y quisiera agua fresca, si no es molestia."

"El pozo esta pa´catrás, es solo sacar - contestó señalando con la el pulgar de la mano derecha la puerta posterior del rancho de palo a pique y paredes de barro, - pase nomás, tiene un tazón de barro en el brocal, haga uso."

"Con su permiso, entonces" y pasó para el fondo.


Los perros desconocieron al individuo y comenzaron a ladrar furiosamente, muy nerviosos. El viejo prestó atención a esos ladridos.


El desconocido volvió secándose el bigote con el dorso de la mano. Al pasar miro el cajón donde se guardaba el dinero de la venta del día. Tenía unas pocas monedas, al parecer no se había vendido nada, raro para un boliche en medio casi de la nada, no había otro en leguas a la redonda. Con una rápida mirada hizo un balance de las mercaderías en los estantes y el mostrador. Estaba bien surtido el negocio.


"Estaba frescasa, la precisaba, le quedo agradecido, viejo."

"Faltaba mas. ¿Y no va a comer nada, muchacho?, hay galleta criolla, membrillo y queso. Dele nomás sin cumplidos, un buen Martín Fierro llena la panza y dispué unos mates con carqueja le calientan el triperío. Además usté dice que viene de lejos, y yo le agrego que de muy lejos, apurado y hambriento." El viejo dijo esto como al pasar, dejándolo caer en el dialogado.


"De ande saca que vengo así,¿puede me decir? Dijo despacio el visitante, nervioso, como tratando de adivinar de donde le llegaría la patada.

"Fácil pa un viejo, vea. Ropa muy sucia y mojada de sudor, la cara con barro rojo pegado, el tordillo ese que casi esta muerto del esfuerzo que ha venido haciendo. No se precisa ser muy avispado, ¿vió?, porque ese barro es difícil de encontrar en este pago, se ve mucho en el norte. De allí viene usté, mocito. Y pa mojar el ropaje con el sudor... tiene que galopar mucho al sol, porque no es tiempo de calores que se diga, mayo entró frío, soleado pero frío. Por eso saco que hace tiempo que viene galopando al sol. Y lo apurado por la mugre que tiene arriba, que no tuvo tiempo de limpiar. Y el pobre caballo, mire como está... vea, atienda al matungo, que da lástima, ¡vaya m´hijo!. La última frase la dijo con firmeza, casi como una orden, y luego siguió tomando tranquilo el cimarron. Con la charla se le había apagado el cigarro y lo volvió a prender con las brasas.


Vio como el hombre arrimaba el tordillo a la sombra del ombú del frente y le acercaba un balde con agua. Le aflojó la montura pero no se la sacó. Tampoco sacó el freno.


"¿De que anda juyendo, muchacho? - dijo suavecito - la pregunta fue como relámpago en cielo sereno. Lo agarró mal parado al joven.

"¡De nada carajo!. ¿Pero tonce usté es adivino...?


Imperturbable el viejo pegó dos chupadas a la bombilla, le dio la última pitada al tabaco entrecerrando los ojos y dijo:


"Por poyeras, seguro, usté no tiene pinta de malandro, m´hijo." La cara le quedó colorada al hombre, que sintió el golpe.


"No son cuentas de su rosario, viejo." El tono era agresivo.


"Puede que si, puede que nó, pero que son poyeras, son," sentenció, y se cebó otro amargo. Lo iba a tomar, pero decidió ofrecérselo al extranjero. Este dudó, pero lo aceptó.


El viejo se levantó despacito, se acercó al mostrador, levantó la campana de vidrio que dejaba con hambre a las moscas y saco el queso y el dulce de membrillo. Cortó dos porciones generosas. Agarró una galleta de campo al pasar y le acercó todo al visitante, ofreciéndoselo.


"Mire, le acepto para no dispreciar nomás". El viejo lo quedó mirando comer... después opinó:


"No, si solo era pa no dispreciar... coma de a poco muchacho, que lo que ej ofrecido no es robado, ¡se va a atragantar sinó!" y se volvió a sentar frente al fogón.


"Se agradece" - repitió el extraño semi atorado y comió con satisfacción.


"Sabe mas el diablo por viejo, que por diablo" - dejó escapar el anciano, como hablando solo - el otro paro la oreja.


"Menos pregunta Dios y perdona" retrucó.


"Quien mal anda, mal acaba" dijo el viejo con ojos pícaros.


"El que se mete a redentor, termina redentado", volvió a retrucar el más joven, con mirada cómplice.


"El que siempre me miente, nunca me engaña", le respondió el viejo como en una payada, medio esbozando una sonrisa y sirviéndose otro mate.


"No hay mal que por bien no venga, abuelo", dijo el otro limpiándose las migas de los bigotes y controlando la risa, le habían gustado los retruques.


"¡No hay peor bicho que la mujer!" ,sentenció áspero el abuelo.


"Pero ese no es un dicho", dijo el joven.


"Pero es verdá y déjese de joder mocito, si no quiere contar no cuente, coma tranquilo que lo ofrecido es gratis", el viejo estaba enojado ahora. Comenzó a liar otro cigarro. Preguntó:


"¿A que esa faca tiene sangre, y no es de capón, vea"

"¿Pero como carajo va usté a saber con solo mirar?, dijo asombrado el visitante" "Yo no, los perros, ellos tienen bruto olfato y olieron sangre de crestiano. No es solo mirar, es también escuchar."

"Vea viejo, yo no quiero lastimarlo, no es mi intención, creameló, pero no me obligue. Mis cosas son mis cosas, mis asuntos mis asuntos, déjelo así nomás".

"No hay peor bicho que la mujer y lo tenia merecido, pero eso me da problemas a mi, vea, aunque usté no quiera"

"¿Quién tenia merecido... de que esta hablando?.

"De la china rubia de Puntas del Arachán Chico, la que usté mató cuando la encontró cogiendo con ese tipo dentro de las casas. La que era su novia. Esa."


El hombre quedó pálido, no se esperaba esa afirmación. Atinó a decir:


"Viejo, no se de donde sacó esa historia, pero usté sabe mucho y no puedo dejar que le diga a la polecía que me vió por aquí". Echó mano al facón y no lo tenia en la funda. Se tanteó desesperado y no lo encontró. Como quien ve al demonio se fijó que el viejo lo tenia en sus manos.


"¿Esto busca? Al pasar se lo pelé y usté ni cuenta se dio, por eso vide que estaba manchado, m´hijo. El extraño no lo podía creer. Le gritó:


"¡Como un viejo de mierda que esta todo el día encerrado en este rancho mugriento puede estar tan enterado, carajo!" El gaucho viejo tranquilo le dijo:


"No tenga miedo, no soy mandinga, ni estoy aquí siempre encerrado - apuntando la barriga del otro con el cañón de una escopeta que apareció de la nada, siguió - vea, abra el arcón de madera aquel del rincón"


Al abrirlo un olor penetrante invadió el recinto. Vio un cadáver reciente escondido adentro. Lo habían degollado, estaba bañado en sangre. Contuvo una arcada.


"Vea - siguió el viejo - ese ej el dueño de esta pulpería. Lo maté porque gimoteaba mucho y yo de paso andaba precisando unos pesos. Yo solo lo estaba esperando a usté, y todas las historias esas que le hice la mayoría son mentiras porque sé lo que sé porque lo vengo siguiendo desde hace tres días. Por eso estoy tan enterado", terminó de decir balanceando despacito el caño de la escopeta.


"¡Los tuve que matar porque yo la quería de verdá y me traicionó, y esas chanchadas se tienen que pagar!... ¿no entiende, viejo?"

"Pero si ej cierto - respondió tranquilo - ella se había emputecido y el otro era una porquería de gente, merecieron morir, estuvieron bien muertos. Ese no es el asunto, muchacho, lo hecho por usté es entendible... m´hijo".


El extraño aflojó algo los nervios, casi había vomitado al ver la escopeta, creyéndose muerto. Se animó a preguntar:


" Si sabe todo, sabe los motivos, sabe que tenía que hacerlo, sabe de la traición, ¿por qué esta aquí?, ¿cual es el asunto?, ¿ que problemas le da a usté todo esto?.


"Muchacho - dijo casi con ternura - mire que es realmente una lástima, porque usté es un mozo bueno y tiene curtura, se ve que es léido, no merecía eso que le hicieron. Y también es cierto que la mujer estaba emputecida por esa porquería de hombre... pero vea, sepa comprenderme mocito, no me guarde rencor, usté mesmo lo dijo: esas chanchadas se tienen que pagar. Usté mató esa moza y eso fue una chanchada. Fue una chanchada porque la culpa era del otro mal nacido que la engatusó, no de ella que fue engañada, ¿se da cuenta?, ¿entiende por que lo vengo siguiendo, m´hijo?,¿ve por que esto no puede quedar así?... ¡ese es el asunto muchacho!, ella era una mocita buena... pero engañada y yo la quería mucho, pese a todo, ¿sabe?, ella era mi hija, mi única hija, ¿vió?"


El disparo de la escopeta quedó resonando en el descampado.

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