domingo, septiembre 10, 2006


A lomo de caballo





No vaya a creer que es fácil liar el cigarro en la montura.

Dejar que el caballo siga con su tranco y cargar la chala con tabaco, después arrollarla y ponerle una atadita. Por fin prender con fósforo brasilero - esos de palito . y seguir arreando tropa.

Pero no es difícil para aquellos que nacieron entre chircas, crecieron entreverados con las patas de los potros, engordaron a capón recién carneado y leche de apoyo casi tomada de la ubre.

El poncho patria es bien abrigado, pero el frío del invierno se da maña para colarse y en las tripas se siente. Y para eso esta el mate.

El mate compañero que calienta el garguero y ahuyenta el hambre.

De vez en cuando algún grito de orden a los perros para que corran a algún ternero que se atrasa, o una pequeña apretada a la ingles del zaino para dar una trotadita y enderezar la tropa dentro de la trilla.

Siempre con el termo bajo el brazo, el mate en la otra mano y las riendas enrredadas en la muñeca libre.

Siempre el pucho bailando en la boca, descansando en las comisuras.

Con suerte, no los agarra lluvia.

Con mas suerte, mañana el patrón manda carnear y cuadra asado. Vino no falta nunca en las casas, ni caña brasilera.

Son cinco los peones que van tropeando a fin de agosto. Son cinco que van juntos pero solos, cada uno rumeando sus asuntos.

Quizás algún día se den cuenta que no es un mandato divino el que tengan que estar siempre sometidos, ni que sus botijas pasen frío ni que las mujeres no consigan que hacer de comer día tras día, ni que el hambre y las privaciones deban ser consigna.

A lo mejor cuando llegue ese día, las cosas cambien.

Pero ahora a seguir que faltan muchas leguas para llegar a la estancia y si se demoran el patrón se encocora.

Y no son tiempos para perder el trabajo.

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